Xerard Orihuela es guía turístico español, y gran parte de su trabajo ha transcurrido en Irán, régimen teocrático en guerra con Israel y Estados Unidos. Lo más parecido a una ráfaga explosiva que había visto hasta el momento eran los flashes de las fotos que deslumbraban las calles de Teherán.
Al pensar en un gobierno de barbas largas en guerra y con juguetes nucleares, es posible caer en el estigma de que la sociedad es un reflejo de su líder supremo. “Nada que ver”, adelanta Xerard, que ha podido conocer de cerca a los iranís de a pie, a los que les encanta la cerveza y Miley Cyrus.
Si bien la leyes impuestas por el régimen son un pistacho en lo que respecta a su hermetismo con Occidente, así como “cerradas de mente”, los iranís se las arregan como pueden. No sin estar exentos de peligro por supuesto. La guerra descorchada por Trump y Netanyahu tampoco ayuda, y el ambiente social en Irán está caldeado. Así lo cuenta Xerard para Capital Radio:
En 'El Balance', Raúl Navarro entrevista a Xerard Orihuela, historiador y guía turístico en Irán para hablar sobre cómo es la sociedad iraní y cómo ha reaccionado al conflcito
P: Ser guía turístico no deja de ser exponer una narrativa de la historia ¿Corres el riesgo de que la policía de la moral te ponga el ojo encima si no les gusta lo que dices?
R: En Irán tú puedes ser guía turístico, pero siempre tiene que estar contigo un guía local, un comisario del régimen que supervise lo que digas. Eso sí, todos los guías locales con los que me he encontrado son majísimos, pero sí que tienen que entregar un informe a las autoridades
P:¿Qué se recoge en esos informes?
R: Impertinencias que ha notado el guía que puedan ser de interés para la inteligencia iraní. Se suele registrar quién baja solo, quién sale del hotel a horas imprevistas y ha vuelto acompañado, quién ha hecho preguntas sobre el programa nuclear de Irán…
Normalmente los comisarios son muy majos. Suelen pasar esas cosas por alto y dicen que todo ha ido muy bien. Aún así, sí que es verdad que se percibe cierto control.
A veces mientras hacía los tours me iba encontrando con la misma persona en diferentes partes del recorrido. Evidentemente estaba con la oreja pegada, escuchando por si alguien pregunta más de la cuenta.
P: Básicamente los tienes de sombra… ¿alguna vez has intentado callejear para perderlos de vista?
Sí, lo he hecho. Es bastante fácil. Con que te metas en un bazar o en el casco antiguo de cualquier ciudad, que son laberintos, los puedes perder de vista. Además, como muchos comisarios conocen a los guías ya se fían, saben que no tienen mucho más que rascar.
P: ¿Cómo es la sociedad iraní? ¿Es un reflejo del régimen o son algo más abiertos?
R: Para nada son como dicta el gobierno, los iraníes son una sociedad moderna. Saben como viven los occidentales y quieren vivir como los occidentales. Una sociedad muy informada, muy culta y extremadamente acogedora con el extranjero.
P: ¿Les gusta España?
R: Muchísimo. A mi me sorprendió, mucha gente estudia español. De hecho el instituto Cervantes tiene una gran presencia en el país. Allí llenan teatros con obras de Lorca, La Casa de Bernarda Alba les vuelve locos.
Con la gastronomía igual. Saben lo que es una paella, una tortilla de patata… El jamón lo tienen prohibido por religión, pero siempre me dicen “tráeme un sobrecito de esos tan ricos que tenéis en el Mercadona”.
Siempre hacen la broma de decir “el jamón está pecado pero luego rezo y me perdonan”. Yo les he llevado también queso manchego y les encanta.
P: Allí el alcohol y la música occidental están prohibidos, beber una cerveza o escuchar a Bad Bunny es un acto revolucionario. ¿Es posible saltarse la censura?
R: Sí, la verdad es que sí. De entrada la cerveza que te sirve allí es sin alcohol, pero si cogen confianza contigo, que ya te digo yo que la cogen rápido, te van a ofrecer cerveza con alcohol o vino. Es algo que las autoridades saben, pero lo ignoran y hacen la vista gorda porque al final les gusta a todos el tema.
Respecto a la música, el gobierno iraní intenta promocionar la música autóctona del país. Existe lo que ellos llaman “música prohibida”. Todo lo que sea occidental, como Lady Gaga o Bad Bunny está vetado. Luego están los intocables: Elvis, Michael Jackson o Tina Turner están permitidos. De hecho los puedes escuchar en cafeterías por la tarde.
Las libertades que disfrutamos en Europa las puedes encontrar en Irán en la esfera privada. Cada uno en su casa dice y hace lo que quiere, porque sin una orden judicial la policía de la moral no puede entrar. Se organizan fiestas privadas con música occidental, ponen a Miley Cyrus, y las mujeres se visten con ropa occidental. Cuando salen de la fiesta, vuelven a ponerse el hiyab.
P: ¿Percibes a la sociedad más combativa con el régimen?
R: Absolutamente. La gente está cansada de hacer las cosas a escondidas. Especialmente el asesinato de Masha Amini en 2022 por no llevar el hiyab correctamente ha activado mucha indignación social.
Hay mucha gente joven que ha perdido el miedo: chicas que se atreven a ir sin hiyab y no solo jóvenes, también sus madres y algunas abuelas. Se ha despertado un espíritu combativo muy grande.
P: Como conocedor de la sociedad iraní, ¿qué crees que puede pasar a partir de ahora con esta guerra? ¿Cómo está reaccionando la sociedad? ¿celebran la intervención militar o prefieren acomodarse en lo malo conocido?
R: Por lo que yo percibo, tanto los iraníes que están dentro del país como los de fuera están relativamente contentos de que el ayatolá haya desaparecido. No obstante, esto no va a ser el fin del régimen. En este caso no es muerto el perro, muerta la rabia. Si matan a un ayatolá, los guardianes del régimen ponen a otro y ya está.
Sí que es cierto que esto nos puede llevar a que los guardianes del régimen negocien con la administración de Trump y lleguen a un acuerdo. Esto en el mejor de los casos. Aún así, personalmente creo que esto va para largo.
La gente también se guía por los precedentes. El otro día me dijo un amigo iraní: “es que aquí cualquier atisbo de oposición o cambio siempre ha sido eliminado”. Esperemos que se pueda fabricar una alternativa justa para los iraníes.