La previsiones de la empresa apuntan a que el proceso se alargará, al menos, hasta después del verano y será entonces cuando, tras la presentación de una oferta definitiva, uno y otros tengan que decidir qué hacen. Si venden a los alemanes o se quedan con la compañía.
Y es que el problema no es otro que el enfrentamiento entre las familias. Por un lado están los Ferrer, con un 42% del capital y contrarios desde el primer momento a perder el control de la empresa. Por el otro, en cambio, figuran los Hevia y los Bonet, con un 29% del capital cada uno. Los Hevia, decidieron vender tras rechazar la gestión del consejero delegado, Pedro Ferrer, y fueron ellos, precisamente, los que fueron a buscar a Henkell para abrir un proceso de negociación. Su único problema es que para que la operación pueda materializarse, los Bonet también tienen que vender porque, en caso contrario, Henkell no obtendría la mayoría del accionariado y se echaría para atrás.
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