La Administración pública española afronta una década decisiva y según Manuel Arenilla catedrático de Ciencias de la Administración en la Universidad Rey Juan Carlos, sigue apoyándose en estructuras diseñadas hace más de medio
“Tenemos un modelo de administración pública al que hemos ido parcheando durante las últimas décadas, pero que realmente está asentado en una administración de los años 50 y 60 del siglo pasado”.
Para Arenilla, el problema no son únicamente las deficiencias visibles o las llamadas “grietas” del sistema, sino unos fundamentos que han quedado desfasados frente a una realidad económica, tecnológica y social completamente distinta. “El mundo ha cambiado, la administración ha cambiado y, sin embargo, todavía esos fundamentos siguen siendo los mismos”.
Digitalizar lo obsoleto
Uno de los riesgos que más preocupa al profesor es que la transformación digital se limite a reproducir modelos de trabajo anticuados. “Estamos digitalizando procesos obsoletos simplemente por el hecho de digitalizar” y a su juicio, la innovación no puede limitarse a incorporar tecnología.
“La innovación no solamente es tecnológica. Supone cambio de procedimientos, cambio de culturas, cambio de hábitos. Es, sobre todo, un cambio de cultura”. En este contexto, alertó de que la inteligencia artificial amplifica tanto las fortalezas como las debilidades institucionales. “La inteligencia artificial lo que hace es potenciar lo existente”.
El desafío del talento público
La salida de miles de funcionarios por jubilación representa, según Arenilla, uno de los grandes retos inmediatos de la función pública, sin embargo, considera que el verdadero problema no es solo sustituir efectivos, sino preservar el conocimiento acumulado durante décadas. “No nos podemos permitir que el talento y la experiencia que se han ido desarrollando durante las últimas décadas se desaprovechen”.
Manuel Arenilla: "“La innovación no solamente es tecnológica, es sobre todo, un cambio de cultura”
Otro de los factores que pueden dificultar la captación y retención de profesionales cualificados es la creciente brecha entre las condiciones del sector público y las del sector privado, especialmente en ámbitos tecnológicos y de alta responsabilidad y afirmó con rotundidad: “No premiamos el talento dentro de la administración ni la responsabilidad”.
En un entorno donde los cambios tecnológicos se producen a gran velocidad, considera imprescindible que las instituciones evolucionen con la misma rapidez. “La administración pública no es un tema de flexibilidad; es un tema de adaptabilidad” y advierte de una consecuencia especialmente preocupante como es la pérdida progresiva de capacidad de intermediación entre ciudadanos e instituciones.
“El interés más importante de todo aquello que estamos haciendo es contribuir a generar esa confianza para que los ciudadanos sigan creyendo en las instituciones”.
En la recta final de la entrevista, el catedrático defendió una redefinición del concepto de lo público, basada en la colaboración entre administraciones, empresas y sociedad civil. “La Administración debe facilitar la creación de valor público a las empresas, a las organizaciones sociales y a los individuos”.