El actual mandatario francés debe hacer frente a un creciente impopularidad dentro y fuera de su país. En sus propias filas socialistas, el cambio de gobierno realizado hace dos semanas con la salida de los ministros críticos con las reformas no ha hecho sino ahondar su débil apoyo. En el exterior, el histórico eje París-Berlín parece haber desparecido de facto, frente a la abrumadora fortaleza de Angela Merkel en los foros europeos.