La acusación dice que las acciones iban dirigidas contra los candidatos en general, poniendo énfasis contra Clinton, respetando a Sanders y actuando en los dos sentidos tanto a favor como en contra de Trump.
El gran jurado abre el camino al proceso y apunta a una organización rusa que investiga en el entorno de internet y a algunas empresas próximas, por producir desde 2014, interferencias en la campaña electoral.
Tal y como reza el escrito de acusación, donde no aparecen ciudadanos americanos implicados, a los 13 nacionales rusos se les instruyó para que subieran contenidos en las redes sociales con el fin de que se criticase a los candidatos. Compraron espacios publicitarios, anuncios y agitaron las opiniones de los candidatos.
Todo ello como es lógico está prohibido y perseguido por la Ley Federal de la Campaña Electoral (Federal Election Campaign Act) americana.
Parece que, además, un ciudadano ruso próximo a Putin facilitó un millón de dólares para actuar contra la campaña de Clinton.
A estos cargos habría que sumar otros por fraudes bancarios y robos de identidad relacionados con la obtención de visados.
En conclusión, un episodio que en la fase actual parece más una escena de la guerra fría y que no debemos menospreciar de cara a cualquiera de las próximas convocatorias electorales en cualquier parte del globo. Se descarta, además, la calificación de fake news que ha hecho Trump del tema.