Esa conducta fue considerada engaño, castigada por la Audiencia Nacional y ahora el Tribunal Supremo ha ajustado desde el punto de vista técnico las condenas.
Engañaron a los clientes porque les convencían de que lo invertido se correspondía con suficiente liquidez. Pero no era real, solo AFINSA, lo veía así, y creaba esa apariencia internamente con sus propios inversores, de manera que los importes que entregaban no se correspondían con el valor de lo que recibían.
Es más, la idea que tenía el inversor es que lograban revalorizar su inversión más de lo que ofrecía el mercado, las entidades financieras. En definitiva, todo era una ficción creada por la propia entidad, ajena al verdadero valor del mercado.
Y se preguntarán los afectados ¿Cómo es que hubo inversores que recuperaron su inversión? Pues muy sencillo, porque mientras el negocio tuvo tirón y comercialmente captaba nuevos clientes, abonaban las inversiones con las nuevas entradas de dinero.
En definitiva, confirmada la estafa agravada, insolvencia punible y falsedad de las cuentas anuales.