Abuelos para la eternidad

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18/11/2016 06:07

Corría 1923 cuando mi abuela inicio su camino en esta vida. Poco tiempo después, apenas 13 años, su madre le dijo que debía abandonar el colegio para ponerse a trabajar y levantar la familia. Todavía recordaba que, antes de ello, le habían dado un premio por estudios, la mejor de su clase, de la provincia de Alicante. Como premio, un viaje al que tuvo que renunciar para poner el hombro y sacar su familia adelante. Fue una mujer, junto a su madre, ejemplo de aquellas que levantaron los derechos femeninos desde el silencio, en el día a día. Un complemento para aquellas que lo hicieron en la vida pública. Podían con la guerra y con todo lo que les tiraran encima.

Me contaba que, en medio de la guerra, su madre le mandó a Callosa del Segura a servir a una casa de un matrimonio sin hijos, terratenientes, que le daban de comer y permitía que pudieran salir adelante. Su madre les repartió como pudo para pasar la contienda. Una vez terminada la guerra le reclamó a filas. La familia en la que había estado le dijo que se quedará con ellos y que no le faltaría de nada. Pero ella volvió con sus hermanos y madre para lo que había venido en esta vida. Es la primera vez que renunció a ella por los demás. Luego lo hizo en multitud de ocasiones, nunca pensó que se había equivocado.

Trabajó en lo que fuera necesario, siempre que fuera digno. Cartillas de racionamiento, limpieza en hoteles a las 4 de la mañana, llevando sacos de harina... Todo para que nunca faltara un pan encima de la mesa. Siempre me decía que nunca había pasado hambre, pero que el precio del pan variaba en horas de trabajo cada día. Y me decía, mientras sólo sea eso tiene solución: "hijo trabaja un poco más si no te llega, más y más y más, pero que nunca falte una comida digna en tu mesa, lo demás no importa. Y si ves que le falta a alguien de tu alrededor, que no le falte, también es tu responsabilidad".

Se hizo mayor en el Mercado Central de Alicante, donde su madre tenía una parada de pescado. Allí las hermanas, la madre y el hermano levantaron la familia. Cogieron el negocio y lo convirtieron en su medio de vida. De allí comieron todos, aunque tuvieran que completar con otros trabajos. Eran otros tiempos. Se hizo famosa por estar siempre alegre, sonriendo y por ser el alma de cualquier fiesta.

Nunca ansió el dinero, ni el poder, aunque lo tuvo vivió con ese dinero como si no lo tuviera. Salvo para ayudar a los demás. Se desvivió por sus hermanas, por su madre y padre, por sus sobrinos y sobrinas, por su hijo, por su nuera, por sus nietos y por su marido. "Lo único importante es una familia unida y feliz. Para lo primero sólo se necesita que uno sea tonto, con un tonto, se une una familia. Ese tonto sólo tiene que perdonar todo y mirar para otro lado cuando no le gusta algo. Para que una familia sea feliz, todos tienen que ser un poco tontos. Y esa es la grandeza mayor de esta vida, familias unidas y felices", me repetía hasta la extenuación. "El dinero sólo sirve para que los demás sean felices, y tu por extensión al verles, pero no le des más valor".

 

Siempre estuvo a mi lado. Me habría dado el mundo entero, aunque disfrutaba si lo conseguía yo. Estaba muy orgullosa de que sacara adelante mi familia a su manera, trabajando, trabajando y trabajando. "No aceptes atajos, trabaja, trabaja y vive cada día al máximo, que esto es muy corto", me repetía. He podido hablar en los últimos años una media de 450 veces anuales por teléfono. Cada mañana en el camino a Capital Radio compartía su vida. Le preguntaba qué le parecía el Barça, o Pedro Sánchez, hacía mi propia tertulia, en paralelo a escuchar la radio. Sabía que ella lo disfrutaba al máximo y exprimía su compañía.

93 años, toda una vida para los demás desde el matrimonio. Ahora ya descansando, con parte de los que más quería y dejándonos un ejemplo de lucha, entrega y pasión. "Nunca es poco si hay que ayudar al de al lado, la vida por los tuyos y por los que no lo son también".

Seguro que todo lo que te cuento también lo has vivido a tu manera. Y es que hemos tenido la suerte de tener una generación de abuelos para la eternidad. Descanse en paz y cerca de Dios. Pax in aeternum.

 

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