El futuro de nuestros mayores

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07/11/2016 15:18

Según el INE, en España hay cerca de 2 millones de personas, mayores de 65 años, que viven solas en España. No tienen con quien hablar, no pueden compartir ni las historias de su pasado, ni la comida de ese mismo día. Las hay que están en una residencia viendo pasar el tiempo sin que hijos o nietos vayan a pasar un día con ellos. Los hay incluso que están rodeados de gente, pero aislado de los suyos. Sufren la soledad.

Nosotros, los ejecutivos y directivos del siglo XXI vivimos ligados a la cuenta de resultados, a los ingresos del mes, a las jornadas laborales sin descanso... A vivir y trabajar 24 horas/365 días. Y buscamos en el fin de semana la soledad. La soledad del que escapa del mundanal ruido, del que desconecta el móvil para ver si puede dejar atrás por unas horas los problemas del trabajo.

Es la contraposición de la soledad de quien no puede elegir, con la soledad de quien vive la dictadura del estrés. Es la dualidad de nuestra época. Sin embargo no nos damos cuenta que las dos soledades tienen un nexo de unión para la resolución de ambas realidades. La del ejecutivo, loco por hacer más horas para llegar a un bonus que gastará en menos de una semana, y la del abuelo, deseoso de tener unas horas de ese 24/365 para poder escuchar, contar y vivir aquello que nunca pensó que desearía con tanta fuerza.

Es cierto que fuera de España, sobre todo en Estados Unidos, la sociedad está tomando conciencia. Ya consideran la soledad de los mayores como un problema sociosanitario. Qué decir en Reino Unido donde se están implementando programas coordinados por los ayuntamientos para mitigar el fenómeno.

¿Iniciativas privadas? Escasas o nulas. Acaso no hay negocio, en esta nuestra sociedad capitalista. Parece que no lo suficiente. Y el problema viene tras ver que nuestro sistema difícilmente podrá sacar adelante esta situación sin ver soluciones transversales, muy parecidas a la conciliación de los padres respecto a sus hijos. Pensará usted que bastante hay con conciliar hacia abajo, como para hacerlo hacia arriba. Pero lo contrario será, a la larga, una carga del sistema imposible de asumir. No hay servicios privados ni públicos capaces de resolver esta encrucijada.

En el Reino Unido, el servicio The Silver Line, que se dedica a a tender a los ancianos solos ya contabiliza un millón de llamadas desde su creación hace 3 años. Nuestros abuelos se resisten a llegar a las residencias, prefieren ampliamente sus hogares. Sólo el 5% está en residencias en estos momentos. La razón está en el sistema de estas. Sólo quienes alcanzan el nivel 3 de dependencia aceptan llegar a ellas.

El sistema privado y público no logra llegar a un modelo que sea eficaz. Mientras vemos emprendimiento que cubre las necesidades en distintas edades, brilla por su ausencia una solución clara a un problema que tendremos, todos, que afrontar más pronto que tarde. Y claramente parece ser un negocio de primer nivel, pero que no atrae a los innovadores a poner en marcha nuevas soluciones.

 

Si a eso le añadimos el problema de nuestro sistema de pensiones, claramente preparado para una pirámide poblacional muy distinta a la actual, nos encontramos con que en el futuro tendremos un problema todavía mayor. E irá empeorando mientras no tengamos 3 factores: una solución familiar transversal al problema, un cambio en las políticas de familia que sirvan para mejorar el número de hijos por matrimonio y un incentivo para que los emprendedores vean en este grupo de edad un objetivo de sus nuevos proyectos.

Incluso con que se cumplieran dos de estas premisas sería suficiente para apuntalar, a medio plazo, el bienestar de nuestros mayores.

Imagen: Obra Social La Caixa

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