¿Deben los padres objetar sobre la tecnología abusiva en las aulas?

La única opción que les queda a los padres puede ser una objeción de conciencia para evitar que a sus hijos e hijas se les adentre en un camino tecnológico y constructivista que no parece tener retorno. Además del bloqueo de datos con una revocación de la autorización de guardarlos por la empresa tecnológiica. O eso, o una batalla perdida.

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19/07/2020 00:19

A la crisis del Coronavirus y la crisis económica, a muchos padres se les ha sumado “la toma de la bastilla” de la tecnología en las aulas. La era post Covid en educación se ha convertido en la gran oportunidad de las empresas tecnológicas para avanzar hacia un aprendizaje con ordenadores y sin libros. Algo impensable hace años en determinados colegios con un arraigado humanismo cristiano. Y más tras comprobar cómo muchas escuelas que abrazaron la tecnología ahora la tienen reducida a las asignaturas relacionadas con la misma por los problemas que supuso en el proceso de aprendizaje.

No se trata de prohibir las pantallas en las aulas. Nadie puede negar que la tecnología ha sido fundamental para períodos de confinamiento. Y es razonable pensar que hasta que llegue la vacuna hay que tener un plan, desde los colegios, para que los profesores puedan seguir teniendo clases con sus alumnos. Se trata de adaptarse a los nuevos tiempos. Si hay confinamiento, los ordenadores volverán a ganar protagonismo con los niños de primaria en adelante, aunque es evidente que los niños pueden seguir trabajando y aprendiendo con sus libros y viendo a su profesor en la pantalla. Pero, según los principales estudios sobre desarrollo en los niños, si no hay confinamiento, hay que volver al método de aprendizaje habitual.

¿Por qué?

En primer lugar, y es el argumento más importante y de calado, porque no hay ninguna razón, ningún estudio, que afirme que el uso de pantallas es bueno para un niño. Partiendo de que no se puede justificar un bien es difícil aplicar una medida como la introducción de las pantallas en sustitución de los libros de texto. Estos últimos sí aportan múltiples bondades para el proceso de aprendizaje.

En segundo lugar y al mismo nivel que el primero o más. La entrada de las tecnologías en las aulas, el gran sueño de las tecnológicas para ampliar, mejorar y potenciar sus bases de datos, supone el salto adelante de la “teoría constructivista”. Esta teoría quiere aportar al niño y niña una visión de la realidad que se hace desde las pantallas. Es el cambio del humanismo, que se basa en conocer, experimentar y recibir a través de los sentidos para conocer la verdad, por una teoría que busca que cada uno elija su formato de realidad. Una libertad posmoderna mal entendida y fuertemente arraigada en el mundo anglosajón desde la entrada de la tecnología como herramienta fundamental de aprendizaje en los niños.

En tercer lugar. Ahora mismo, los únicos datos que no tenían las grandes tecnológicas eran los de menores alejados de dispositivos conectados. Y eso era, depende de los casos, hasta los 12 o 13 años en la mayoría de las situaciones. Ahora, los niños ya no necesitarán que los padres les compren un móvil para tener relación con las pantallas. Los colegios se encargarán de “regalarles” ese primer dispositivo para que empiecen su relación con las pantallas y con los datos. Google ya advierte en sus políticas de privacidad que guardará con mucho cuidado los datos. Admitiendo de facto que van a guardar los datos. Posteriormente, en el mismo documento de privacidad y términos de uso, no tienen problemas en añadir que en otros dispositivos de la misma red podrán ejercerlos para “mejorar” el uso que se hace.

Relacionado con los datos está uno de los grandes temas de control ideológico que se teme. Las grandes organizaciones tendrán a su disposición todo el proceso de aprendizaje y también conocerán la opinión de millones de niños y niñas que verterán, con una política de protección de datos contraria a ellos, sus puntos de vista sobre distintos temas clave. Con todo el historial de los menores y la capacidad de conocer qué piensan y cómo desde tan pequeños será muy fácil en un futuro poder crear parias ideológicos y cercenar la entrada en empresas. Lo de una foto inapropiada en Facebook será una broma al lado de poder ver que un grupo de niños son contrarios a la opinión mayoritaria sobre algunos temas. Disentir será mucho más complicado cuando tus datos los tengan desde que eras menor y conozcan todas las opiniones y perfil ideológico.

Por eso, se entiende menos que quienes quieren hacer la batalla contracultural, en este caso colegios “católicos”, abracen las pantallas como proceso de aprendizaje. Están abocando a estos niños a ser esclavos digitales. Y a no ser capaces de conocer de la realidad más que lo que las pantallas les ofrecen.

En cuarto lugar. Consumo de pantallas en lugar de plan de formación STEM. Los planes de los colegios que están acogiendo tabletas y ordenadores como sustitutos de los libros están dejando de lado que lo importante no es que un niño lea en una pantalla sino que sea capaz de dominar arquitecturas informáticas, crear robots controlados por dispositivos y generar procesos de inteligencia artificial. Colocar a un niño delante de una pantalla pensando que es “nativo digital” y que por tanto en el futuro tendrá destrezas informáticas es lo más parecido a decir que poner un libro delante de un chimpacé le hará a la larga conseguir las destrezas para leer. Si no hay un plan STEM en un colegio, el niño o niña hará vídeos de tiktok con sus destrezas digitales, pero nunca programará.

Por todo ello, los colegios que abrazan a Google para que llene de pantallas las aulas han puesto a los padres en una tesitura complicada. Por un lado, estos colegios han cambiado las cartas a mitad de partida, después de la difícil decisión que supone elegir escuela para los hijos. Por otro lado, no tienen una fácil salida si el cambio se ha comunicado en julio. La única opción que les queda puede ser una objeción de conciencia para evitar que a sus hijos e hijas se les adentre en un camino que no parece tener retorno. Esto, y el bloqueo de datos con una revocación de la autorización de guardar los datos de sus hijos. O eso, o una batalla perdida.

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