Réquiem por el Comercial

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28/07/2015 04:03

La vida tiene algo de mágico en las cosas no buscadas, en las historias sobrevenidas, en aquello que nos asalta desde lo no cotidiano. Recuerdo, y es el momento de recordar, la primera vez que entré en el Comercial. Tenía apenas 12 años y llegué a Madrid de paso, camino de París, junto a mi familia. La parada en el viaje en autobús era de no menos de 6 horas en la capital. El punto de quedada fue el Comercial. En 1992, el año en el que las Olimpiadas nos dejaron aquella huella imborrable, yo entré en el café de los escritores, de los cultos madrileños, de los alejados de las falsas modas, de aquellos que sabían que hacían historia cada día desayunando en el Comercial.

Mi madrina, Esperanza, fiel chamberilera y apasionada de todo lo que sucede entre Gran Vía y Quevedo, me dejó en el recuerdo aquel primer paso por la puerta giratoria, ese olor a chocolate con churros acompañado de buena prensa, esa escalera hacia el segundo piso que parecía recorrer el camino hacia un mundo soñado. Eran los sueños de un niño que paseaba por la grandeza de Madrid. El comercial, esa puerta a la calle Fuencarral en su parte más comercial, valga la redundancia. La Glorieta de Bilbao, con esa fuente que tan poco agradece la grandeza de un punto cardinal en la ciudad. El edificio de Ocaso, el ir y venir de sueños encontrados en una ciudad en la que tantos genios buscaron su Café Comercial.

Su cierre no es un capítulo más del Cuéntame de dentro de 20 años. Su cierre es un bofetón para despertar en nuestras conciencias que la España que vivíamos antes de la crisis se ha marchado. Como el ratón que busca el queso que ya no existe, así buscamos los españoles nuestros símbolos perdidos. Entre churros también anda Dios, podría decir un madrileño a imitación de Santa Teresa. Se caen nuestras tradiciones una a una sin saber todavía qué o quienes las repondrán.

Su cierre es un capítulo más de nuestra economía en fase postoperatoria de la crisis. ¿Churros o acciones en bolsa? Lo segundo claramente. La crisis nos ha dejado una economía de unos y ceros que sirven para ganar dinero bursátil, pero los negocios están pasando las de Caín, nos guste o no. Y la economía a pie de calle vive disgusto tras disgusto. Como el equipo de fútbol que gana un partido y ya mira que sale de los puestos de descenso si gana 3 más. Así estamos nosotros, no sabiendo distinguir el grano de la paja en lo económico. Baja el paro, pero en qué.

Se crea empleo, sí, pero se cierra el Comercial porque esto no tira. No nos inventemos historias raras ni nos hagamos trampas en el solitario. O se recupera la demanda interna, vía bajada de impuestos, o el Comercial será el preámbulo del réquiem definitivo de nuestra economía. Del pase a una segunda división que hemos evitado estoicamente, pero que seguimos teniendo presente. Y por supuesto, un plan para España, y no un Plan E, un plan real de lo que queremos ser de mayores, ahora que el Comercial nos acaba de demostrar que ya no somos tan pequeños.

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