El reciente episodio de lluvias torrenciales asociado a una dana ha vuelto a poner el foco en el Mediterráneo. Las cifras son contundentes: casi 600 litros por metro cuadrado en Oliva, 533 en solo 24 horas, calles anegadas y cinco víctimas mortales, tres en la Comunidad Valenciana, una en Cataluña y una en Andalucía. Las imágenes del fin de semana pasado recordaban inevitablemente a la catástrofe de octubre de 2024, planteando una pregunta crucial: ¿qué está ocurriendo en nuestra atmósfera?
El meteorólogo Samu Benito analiza cómo el calentamiento del mar está potenciando fenómenos extremos tras las últimas lluvias torrenciales
La configuración atmosférica: un patrón que se repite
El físico meteorólogo Samu Benito explica que la configuración atmosférica del último episodio fue "un poco la clásica de este tipo de situaciones en el Mediterráneo". Se trata de una dana situada al suroeste de la península y un anticiclón en el norte, "de manera que se canalizan vientos desde el este, desde el Mediterráneo muy caliente hacia la costa valenciana, que claro, es una cosa muy escarpada, como esa montaña que favorece el exprimirlas, la precipitación de las nubes y el que se queden esas tormentas ancladas".
Esta vez, las tormentas quedaron ancladas en la zona de la Safor y de la Marina Alta, mientras que en el episodio de 2024 ocurrió "un poquito más adentro en las tierras de la provincia de Valencia". Benito subraya que "desde el punto de vista meteorológico son comparables las situaciones, pero simplemente pues unas se fue más al interior y provocó la tragedia mucho mayor y otra ha ido más hacia la costa". La precipitación más hacia el interior resulta "más peligrosa a la hora de crear esas riadas".
Un Mediterráneo dopado: temperaturas récord y sus consecuencias
El verano anterior registró temperaturas récord en el mar, con boyas marinas que marcaban el Mediterráneo a más de 30 grados. Como explica el meteorólogo, "esto por sí solo no va a generar una dana", pero cuando se dan las circunstancias del anticiclón y la corriente de aire frío, el resultado puede ser devastador. La ciencia lo tiene claro y está avisando, aunque "en la parte de la gestión de la administración todavía queda mucho por hacer porque al final se está viendo que los daños están siendo siempre muy considerables y se podrían tomar medidas para reducirlos".
Benito identifica varios factores en juego: "ese proceso, ese calentamiento del Mediterráneo que llevamos viendo muchos años, que está potenciando que cuando ocurren estos episodios sean mayores". Sin embargo, señala un problema estructural fundamental: "uno de los mayores problemas que tenemos en la costa del Mediterráneo es dónde y cómo hemos construido. Hay mucha edificación, mucha urbanización en zonas que sabemos que son inundables".