Con 125 empresas cotizadas y más de 3.000 sociedades de inversión de capital variable, la Bolsa de Madrid es el centro de atención de inversores que, entre transacciones, cada mes hacen de este edifico del siglo XIX el epicentro de más de 50.000 millones de euros que pasan de unas manos a otra en función de los precios que marquen los títulos por la oferta y demanda de estos.

Un edificio levantado en 1893, en pleno centro del Madrid del Paseo del Prado. Un museo de las finanzas donde siglo atrás latía el verdadero corazón, la ‘joya’ del Palacio de la Bolsa de Madrid; entramos en el Salón de Cotizar.

Escucha el cuatro episodio de "Historias de la Bolsa", un podcast en colaboración con BME:

El retumbar y los crujidos de una madera envejecida por los siglos dan la bienvenida a los pocos afortunados que hemos podido entrar en la estancia. A pesar de la alfombra de hilos que recubre esta habitación roja, viva, sentida por la calidez de los inversores que tiempo atrás ocupaban sus atriles, el paso del tiempo se abre hueco.

El único vestigio de un tiempo moderno son los micrófonos que erguidos, miran hacia los ponentes que, en estos días, brillan por su ausencia. Es un salón reformado, pero sin alharacas. Es un salón tradicional que, sin perder la esencia, atienden al futuro.

Es un salón reformado. El lavado de cara vino en el verano de 1989 con los agentes de cambio y bolsa ocupados tomando el sol y tirándose de cabeza a la piscina tras unos meses de arduo trabajo entre los sillones rojo y verdes tapizados en cuero decidiendo el devenir del mercado.

Una vez dentro se produce el “efecto guau” del que nos habla María Iglesias, de BME y con eso se dice todo del Salón de Cotizar.

¡Últimos minutos de ajuste!

Cerrar la sesión, los últimos minutos de ajuste que hoy apenas los tenemos en los cinco minutos posteriores a la clausura de la jornada del mercado, a eso de las cinco y media de la tarde hace décadas podía llevar horas.

De hecho, el Salón de Cotizar fue una de las estancias más usadas del Palacio antes de que llegará aquello del internet.

Con los presidentes que, a lo largo de la historia, han puesto su ‘granito’ de arena al desarrollo del mercado financiero español y, ahora, Felipe VI presidiendo la sala como Jefe del Estado, la sensación de ser vigilado en esta sala es indescriptible.

Entre los retratos, algunos más oscuros que chocan con los modernos y lúcidos, el de siempre, el caduceo de un Mercurio romano (Hermes para los griegos) que, en el Salón de Cotizar, alcanza su máxima expresión moldeado en plata.

Una pluma, un tintero y un secante dispuesto sobre una bandeja que, restaurada, apenas deja tocarse y no por la normativa (que también) sino por el respeto que influyen los años de historia y escenas vividas entre las paredes de esta habitación. Una verdadera pieza de orfebrería alumbrada hace décadas por un artesano madrileño.

Objetivo: Restauración

Un sala que ha cambiado con el tiempo, que pasó del cigarro y el humo (para eso quedó el Salón de Fumadores que visitamos en el episodio anterior de este podcast) al tintero. Una aplicación algo prematura de la ley pasada por el tamiz de la restauración.

Hoy el Salón de Cotizar es la ‘niña bonita’ del Palacio de la Bolsa. Es la sala a la que mayores cuidados se la brinda y que más atenciones recibe; por esto, puede ser que los pupitres al estilo del parlamentarismo británico de la época victoriana sean el centro de las preocupaciones de una estancia en la que los ojos no se pueden quedan en los sillones o en el suelo porque mirando hacia arriba nos encontramos con con una obra maestra del pintor del Palacio, Luis Taverner, quien con la brocha y el pincel plasmar la importancia del comercio para unir a los distintos pueblos del mundo sobre las cabezas de los agentes de comercio.

Para tal fin, representó con cinco mujeres a los cinco continentes, bajo la presidencia de Mercurio con un ‘Caduceo’ dorado en su mano, así como las artes y las ciencias, incluyendo instrumentos musicales, paletas de pintor, esculturas y un telescopio; aunque nada de ello tendría sentido sin afinar el ojo y entre las figuras otear el verdadero elemento ‘conector’ de la obra.

Del telégrafo al 5G

El telégrafo, postes del siglo XIX que hoy serían no muy diferentes a las torres de telefonía y los satélites que nos conectan con el mundo. Entonces era el telégrafo el medio de comunicación más avanzado de la época y que permitía difundir de forma rápida la información procedente de las sesiones bursátiles, hoy es el 5G.

Varias décadas de antigüedad que esconden los más oscuros secretos del mercado español. Los grandes éxitos y los fracasos aun mayores que hoy conviene recordar porque de los bueno y de lo malo, del pasado y presente se aprende a convivir mejor con el futuro.

El Salón de Cotizar es hoy vestigio de épocas pasadas tendido a la admiración del paseante.