Wall Street ha vuelto a poner toda su atención sobre la inteligencia artificial. Y esta vez la protagonista no es Nvidia, ni OpenAI, ni siquiera ChatGPT. Es Meta.
La compañía de Mark Zuckerberg se ha convertido en uno de los grandes motores del rebote de la bolsa estadounidense después de que su nuevo agente de inteligencia artificial, Muse, comenzara a mostrar unas cifras de adopción que han sorprendido al mercado.
Las acciones de Meta se dispararon un 11,4% en la última sesión, mientras el Nasdaq avanzó un 2,3% y marcó nuevos máximos históricos. El S&P 500 también terminó la jornada con una subida del 1,5%. El movimiento bursátil tuvo varios factores detrás, entre ellos la caída del petróleo y de las rentabilidades de los bonos, pero Meta se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la jornada.
Muse pone a Meta en el centro de la batalla por la IA
La razón está en Muse. El nuevo producto de Meta ha alcanzado el número uno de la App Store estadounidense y los primeros datos de descargas apuntan a una adopción especialmente rápida. Acumula 1,8 millones de descargas en sus primeros doce días en Estados Unidos y Canadá. En un periodo comparable, ChatGPT había registrado alrededor de 1,3 millones de descargas en esos mismos mercados y sobre iOS.
Son cifras todavía demasiado tempranas como para hablar de un éxito empresarial consolidado. Una descarga no garantiza que un usuario vaya a utilizar una aplicación de forma recurrente, y mucho menos que vaya a pagar por ella. Pero sí ofrecen al mercado una señal que llevaba tiempo esperando: la IA de Meta parece estar encontrando una vía para llegar directamente al consumidor.
Meta quiere que la IA deje de responder y empiece a actuar. Muse no pretende limitarse a responder preguntas. La gran apuesta de Meta es desarrollar un agente capaz de ejecutar tareas en nombre del usuario. La diferencia parece pequeña, pero puede ser enorme.
Hasta ahora, buena parte de la inteligencia artificial generativa se ha construido alrededor de una conversación: el usuario pregunta, el modelo responde y, a partir de ahí, la persona ejecuta las acciones necesarias. Los agentes de IA quieren cambiar ese modelo. El usuario da una instrucción y la inteligencia artificial se encarga de completar el proceso.
Compras, reservas, gestión de información o interacción con distintas aplicaciones podrían terminar formando parte de ese nuevo escenario
La gran ventaja de Meta está en sus millones de usuarios
Aquí es donde Meta cuenta con una baza especialmente poderosa. La compañía no parte de cero. Tiene Facebook, Instagram y WhatsApp, tres plataformas con una audiencia gigantesca que pueden convertirse en canales naturales de distribución para sus productos de inteligencia artificial.
Los primeros datos de Muse apuntan precisamente en esa dirección. Una amplia mayoría de sus primeros usuarios ya utilizaba Facebook y una parte significativa también estaba presente en Instagram. Para Meta, esto puede ser mucho más importante que conseguir que Muse aparezca durante unos días en lo más alto de una clasificación de descargas.
La compañía tiene la posibilidad de introducir la inteligencia artificial allí donde sus usuarios ya pasan buena parte de su tiempo. Y eso puede reducir una de las grandes barreras de cualquier nuevo producto tecnológico, la de conseguir que el usuario lo descubra.
Si la compañía consigue transformar la enorme audiencia de sus plataformas en usuarios habituales de sus servicios de IA, puede abrir nuevas vías de monetización mediante suscripciones, servicios y, eventualmente, nuevos modelos publicitarios.