El conflicto armado en Irán está generando preocupaciones que van más allá del impacto en los precios del petróleo y el gas. Una de las consecuencias menos visibles pero igualmente significativas afecta al mercado del azafrán, donde Irán ostenta la posición de mayor productor mundial con una producción anual de entre 35.000 y 40.000 kilos de esta preciada especia.

Entrevista | Carmencita: El azafrán también se ve afectado por la guerra en Irán

Y es que Irán es el mayor productor mundial de azafrán. Hablamos de ello y del impacto del conflicto con Jesús Navarro, director general de Carmencita.

Jesús Navarro, director general de la Compañía Española de Especias Carmencita, explica la magnitud del problema: "Es un producto carísimo, más que la trufa. Es una especia que se cultivaba desgraciadamente en España en la zona de La Mancha hace 30 años en unas cantidades parecidas, pero que luego por la evolución de la economía y de la zona de pasar de agrícola a industrial, pues se ha ido perdiendo porque se cultivaba entre familias y entonces Irán que tiene un clima muy parecido cogió el testigo y empezó a cultivar azafrán".

La búsqueda de rutas alternativas

Con tres semanas de guerra transcurridas, Carmencita se enfrenta a un desafío logístico considerable. La empresa, que compra anualmente 3.500 kilos de azafrán iraní, mantiene stock hasta septiembre gracias a que "la cosecha es en octubre y nosotros compramos para todo el año, tenemos almacenado en cámaras frigoríficas con todas las condiciones".

Sin embargo, la preocupación es evidente. "Aunque tengas stock, estamos viendo la forma de que por vía aérea es prácticamente imposible en estos momentos. Entonces estamos viendo la posibilidad con las fronteras de Turquía, que tiene frontera con Irán y está cerca de la zona de cultivo también con Afganistán", detalla Navarro.

Un mercado familiar y tradicional

El funcionamiento del mercado del azafrán iraní mantiene características sorprendentemente similares a como operaba tradicionalmente en España. "Es exactamente igual, como ocurría en Albacete, en La Roda, en la zona de Motilla del Palancar. Las familias cultivaban un pequeño terreno y cultivaban dos o tres kilos por familia y vendían azafrán", explica el directivo.

La complejidad del cultivo justifica esta estructura familiar: "Para un kilo de azafrán hacen falta 200.000 flores. Un campo de fútbol plantado de flores son tres kilos y medio". Además, "hay que hacer el acogerla de la tierra y quitar los pistilos el mismo día o se seca. Entonces son dos semanas al año donde se consigue cada familia dos o tres kilos que normalmente es un ingreso extra de la familia".

Impacto en precios y logística

Aunque el impacto inmediato en precios aún no se ha materializado debido a que "no hay esta especie de subasta como pasa con el petróleo" al comprarse toda la producción anual de una vez, Navarro advierte sobre otros factores: "Hay que tener en cuenta el muro que supone todo lo que está ocurriendo con el Estrecho y todos los barcos que vienen. Los productos de especias vienen todos de la India, de Sri Lanka, de Vietnam y ahora mismo hay un muro de dificultad de acceso de los barcos".

Optimismo basado en la experiencia histórica

A pesar de las dificultades, el director general de Carmencita mantiene una perspectiva esperanzadora basada en la experiencia histórica.

"Carmencita tiene 100 años. Mi abuelo vivió la Guerra Civil y la gente seguía consumiendo, seguía viviendo, seguía comiendo. En las guerras la gente sigue viviendo, comiendo. Entonces el azafrán se seguirá cultivando porque la gente tiene ese espíritu de sobrevivir".

El directivo subraya que "el cultivo agrícola está fuera de las ciudades como Teherán, que son 17 millones, y está fuera de los objetivos prioritarios. El agricultor va a seguir cultivando. De eso estamos seguros. El gran problema es la logística, el traerlo".

Para Carmencita, empresa que maneja 6.000 toneladas anuales de especias y hierbas, el azafrán representa apenas 3,5 toneladas en volumen, pero mantiene un valor sentimental y comercial especial al ser "el primer producto que empezó nuestro abuelo y mi abuela Carmen en 1923".

La guerra en Irán pone a prueba no solo las cadenas de suministro globales, sino también la continuidad de tradiciones culinarias centenarias que dependen de este "oro rojo" cultivado a miles de kilómetros de distancia.