Los parecidos entre los problemas del crédito privado y la crisis crediticia de 2008 empiezan a preocupar a los expertos. Las firmas de equity o crédito privado se encuentran en aprietos y ya son varios grandes nombres que han tenido que bloquear los reembolsos. Según el estratega Michael Hartnett de Bank of America, existen similitudes preocupantes con la situación previa a la crisis de 2008.
Antes del colapso de las hipotecas subprime, en 2007 varios hedge funds quedaron atrapados por falta de liquidez. Estaban expuestos a hipotecas subprime titulizadas. Al mismo tiempo, el precio del petróleo se disparó. El barril pasó de 67 dólares a más de 140 dólares, una subida superior al 100%.
En julio de 2008, el Banco Central Europeo subió los tipos de interés debido al encarecimiento del petróleo y la inflación energética. Según Bank of America, fue un “error histórico” porque endureció el crédito justo cuando el sistema financiero ya estaba debilitado y aceleró el estallido de la crisis. En octubre de 2008, el BCE tuvo que recortar los tipos en 50 puntos básicos.
Ahora el petróleo también ha subido con fuerza, el barril Brent supera los 100 dólares y acumula un alza de más del 60% en lo que va de año. Y el mercado ya anticipa dos subidas de tipos adicionales de los bancos centrales. El problema es que, cuando la inflación proviene de problemas de oferta (energía), subir tipos puede empeorar la situación económica sin resolver el origen del problema, dicen los expertos.
¿En qué consiste un crédito privado?
El crédito privado consiste en préstamos a empresas fuera del sistema bancario tradicional, ofrecidos por fondos de inversión. Ofrecen un alto rendimiento para inversores, tienen menor regulación y transparencia y la liquidez es limitada. Hoy representa más de un tercio del crédito en Europa y más de 2 billones de dólares a nivel global. El Fondo Monetario Internacional lo considera uno de los mayores riesgos para la estabilidad financiera.
A raíz de la crisis financiera de 2008, la implementación de marcos regulatorios estrictos, como Basilea III y la Ley Dodd-Frank, obligó a las entidades financieras a fortalecer sus reservas de capital y a reducir drásticamente su apalancamiento. ¿El objetivo? Blindar el sistema frente a futuras crisis de solvencia.
Sin embargo, esta mayor seguridad trajo consigo un cambio en el flujo del dinero. Al verse limitados por estas normas, los bancos tradicionales comenzaron a abandonar ciertos sectores de riesgo, particularmente la financiación a empresas de tamaño medio y el respaldo a compras corporativas apalancadas.
Este vacío de liquidez no quedó desatendido. Fue ocupado rápidamente por el sector de la gestión de activos alternativos, dando lugar a lo que se conoce como shadow banking o banca en la sombra. Lo que antes era un segmento marginal se ha consolidado hoy como un ecosistema financiero masivo, cuyo valor se estima ya entre 2 y 3 billones de dólares.
En la actualidad, el papel de "prestamista global" ya no pertenece en exclusiva a la banca comercial. Firmas de inversión de primer nivel han tomado el relevo, transformando la estructura del crédito corporativo.
Estas gestoras han pasado de ser simples inversores de capital riesgo a convertirse en auténticas potencias de financiación directa, moviendo los hilos de la economía corporativa mundial fuera del alcance de la regulación bancaria tradicional. Pero atención, porque las tasas de impago en crédito privado están aumentando: 9,2% en 2025, máximo histórico y podrían duplicarse en los próximos años, según Partners Group. Si la situación empeora, los bloqueos de retiradas podrían convertirse en ventas forzadas con pérdidas y podría extenderse la desconfianza al sistema financiero tradicional.