Los precios del petróleo experimentan una volatilidad extrema tras el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán, que ataca con éxito tres petroleros en una escalada que paraliza el 20% del crudo exportado desde los países del Golfo. El futuro del barril Brent para entregas en mayo alcanza los 100 dólares, situándose actualmente en 97,5 dólares con subidas del 6% que llegan al 9% en algunos momentos.
La Agencia Internacional de la Energía coordina la liberación de 400 millones de barriles de reservas estratégicas mundiales, con Estados Unidos aportando 172 millones de barriles. Sin embargo, según Roberto Gómez-Calvet, profesor del área de Empresa de la Universidad Europea de Valencia y experto en suministro energético, "este petróleo es una solución temporal".
Roberto Gómez-Calvet examina la "insuficiente" liberación de 400 millones de barriles de reservas estratégicas en un mercado energético en crisis.
"Se habla de liberar 400.000 barriles cuando estábamos teniendo una tasa de transporte de petróleo a través del estrecho de Ormuz del orden de 20 millones de barriles diarios, sería el equivalente a unos 20 días de tráfico. Si el Estrecho sigue cerrado, pues no va a haber suficiente en breve plazo y habrá que hacer más liberaciones y esto no puede ser eterno"
La amenaza iraní se materializa en una advertencia directa al mercado. "Irán ya está diciendo que nos preparemos para precios de 200 dólares el barril, que esto nunca lo hemos visto", señala Gómez-Calvet. Esta cifra representa un territorio inexplorado para los mercados energéticos globales.
La respuesta coordinada supera ampliamente las medidas adoptadas durante crisis anteriores. Los 32 países miembros de la Agencia Internacional de la Energía ponen a disposición sus barriles estratégicos. "Por establecer una comparación, en el año 22 con la guerra de Ucrania, lo que se liberó estratégicamente fueron 182 millones frente a los 400 de ahora. Es más del doble que entonces", destaca el profesor.
Sin embargo, la naturaleza del problema actual presenta diferencias fundamentales. "Con la guerra de Ucrania, el problema lo teníamos con Europa, con el gas y en este caso es un problema ya global", explica Gómez-Calvet, subrayando la dimensión planetaria de la crisis actual.
El consumidor de diésel y gasolina, el gran perjudicado
El mecanismo de transmisión de precios funciona con una celeridad inusual. "No hay desabastecimiento de crudo, pero sí que hay una sensibilidad muy clara a que el petróleo es ese factor que fluye por las arterias de toda la economía", analiza el experto. La razón radica en la ausencia de alternativas: "El transporte por carretera tiene que consumir diésel, sí o sí".
En las gasolineras, los consumidores observan cómo "se anuncia una noticia y a las horas el precio ya ha subido". Gómez-Calvet explica que "las tasas de reposición en gasolineras son bastante altas, del orden de dos o tres días. Ellos siempre están pensando en precios de reposición".
La velocidad de escalada resulta histórica. "Cuando cogemos la evolución del precio del crudo en los últimos 15 o 20 años vemos picos. Hemos llegado a los 130, 140, pero lo que no hemos visto es esa pendiente tan pronunciada que hemos tenido en aproximadamente diez, 12 días", destaca el profesor.