Por Luis Blanco

“¡No puedo aguantar ya más emoción!”. La frase surge tras el rostro de amplia sonrisa de una mujer, atleta, que acaba de saludar en persona Martín Fiz y se ha sacado una foto con él. Quizá el mayor logro haya sido conseguir abrirse paso entre una maraña de cientos de personas que se agolpan alrededor del español que fuera Campeón del Mundo y de Europa de Maratón. Fiz sonríe y charla animado durante unos segundos con todos los que se acercan a él para inmortalizar el momento en sus teléfonos móviles o para pedirle un autógrafo. Lo hace sin sentirse en ningún momento asediado o arrinconado, que es la impresión que realmente da desde fuera.

Estamos en el Auditorio Belgrano, en Buenos Aires, Argentina. Fiz vive una segunda etapa dorada de popularidad en su carrera, ayudado en gran medida por la película sobre su vida. Un documental que acaba de proyectarse por primera vez en Sudamérica, de la mano del programa argentino y plataforma digital para corredores Factor Running. Su responsable, Gustavo Montes, el periodista ha visto cumplido así su sueño de fan del Atletismo con mayúsculas: ayudar a que su ídolo, el que le inspiró para empezar a correr, sea ahora reconocido como se merece en Argentina. Su perseverancia y sacrificio para conseguirlo se pueden asemejar perfectamente a la pasión que Fiz pone también en cada proyecto que emprende desde que comenzara a dar zancadas siendo un adolescente.

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Casi mil personas han asistido minutos antes a la proyección de “Fiz, puro maratón en el auditorio. Un lugar con el encanto de los viejos cines y teatros, amplio, majestuoso, con una decoración clásica y una enorme pantalla. Los espectadores han reído con la película, han llorado, se han sorprendido. Y han aplaudido a rabiar, durante y, sobre todo, después de la película.

Y tras la proyección, han salido al hall a esperar al campeón. Es el momento cumbre de la visita de Martín Fiz a Argentina, acompañado del director de la película, Rodrigo Moro, del guionista del documental y director de Runners World España, Alex Calabuig. Aunque todo ha empezado un día antes, con el aterrizaje de Martín y sus compañeros de andanzas cinematográficas en Buenos Aires.



Pase de prensa

Eso ocurre el lunes por la mañana. El vuelo desde España ha sido largo y cansado. Sobre todo para un Martín Fiz que apenas 24 horas antes había corrido la Behobia-San Sebastián acabando en 1.07.06 y primero en su categoría. Algo que había celebrado posteriormente y a lo grande en una sidrería con los atletas de su gran club de corredores, el de la tienda Running Fiz de Vitoria.

Así que es normal que se vaya quedando dormido en cada rincón, en el taxi o en la habitación del hotel en un momento de espera y casi mientras está hablando. Pero la maquinaria de promoción de la película empieza este mismo lunes, con una rueda de prensa y un pase privado para periodistas argentinos especializados en atletismo. El acto es en las oficinas de Universal International Pictures en Buenos Aires. Su sala de prensa es pequeña pero moderna, acogedora y con cómodos sillones. Me recuesto en uno de ellos en la última fila y me dispongo a ver la película, pero sobre todo a observar a los espectadores.

En todos quiero comprobar reacciones, gestos o emociones, también en Martín Fiz. Bueno, confieso que cuando miro a Martín es para ver si se ha quedado dormido también en el cine, pero sorprendentemente disfruta con los ojos bien abiertos por enésima vez de la película. En ese momento me pregunto: “¿En qué estará pensando?

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Me guardo la pregunta para más tarde. A un metro de mí está Gustavo Montes. Se ve que disfruta de la película más que ningún otro. Durante la rueda de prensa, Martín Fiz declara que “hay días en la vida que se te quedan en la retina para siempre; el 15 de noviembre de 2016 será uno de ellos”. Se refiere al día siguiente, el de la proyección para el público en el Auditorio Belgrano donde hemos arrancado este relato.

El gran día

El martes arranca temprano, desayunando con Martín, Alex y Rodrigo en el hotel comentando lo ocurrido el día anterior. Luego, Martín se queda trabajando. Porque Martín, además de ser un atleta incansable, es un ‘currante’ nato. Él se encarga de su repleta agenda, de todos sus contratos. Es su propio manager. Y él mismo se encarga de las redes sociales.



La jornada continúa con un trote suave de unos 50 minutos por los Bosques de Palermo, el parque donde corren la mayoría de los ‘runners’ en Buenos Aires. Nos sorprende la alta cantidad de corredores que nos cruzamos. Mientras corremos junto al lago, pasamos a un grupo y uno reconoce a Martín. Le dedica unas palabras de elogio que éste responde con un saludo y una sonrisa.

Yo ya lo había comprobado el año pasado, cuando vine también a Argentina con Martín Fiz y corrimos juntos por este mismo lugar: son muchos los corredores que le reconocen aquí y le saludan con entusiasmo.

Por la tarde, nos trasladamos al Auditorio Belgrano. Vamos en coche por las calles de Buenos Aires y aprovecho para lanzar a Martín la pregunta que me había guardado el día anterior: “¿En qué piensas cuando estás viendo la película, después de tantas veces? ¿En realidad estás rememorando o tu cabeza está pensando en lo que tienes que hacer después?”. “Claro que recuerdo cosas de lo que estoy viendo”, responde rotundo. “Y anécdotas que no aparecen en la película. Cada vez que la veo recuerdo algo diferente”.

“¿Sabes qué pensé ayer?”, sigue. “Tenía pensado decírselo a ‘Calabutxi’” (así llama cariñosamente al guionista de la película). “Que me acuerdo perfectamente de cuánto tardamos en grabar toda lo que dije para la película. ¿Sabes cuánto fue? ¡72 minutos¡”. Justo lo que dura la película.

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Calabuig, sentado junto a Martín, asiente y recuerda que la grabación, tres años atrás, fue en casa del atleta, en Vitoria. Y que, efectivamente, Fiz tuvo un día inspirado y todo se grabó rápido y sin contratiempos. De lo que se lamenta es de que, si ya en el caso de lo grabado con Martín Fiz mucho se ha quedado fuera de la película, de algunas otras entrevistas se han utilizado apenas unos segundos. Y hay material de calidad y con multitud de bonitas historias contadas por todos los que aparecen en el documental que, reconoce apenado Calabuig, le encantaría que pudieran ver la luz.

El auditorio nos recibe

Tras pelearnos con el tráfico porteño llegamos al lugar de la proyección. Queda media hora para la apertura de puertas, pero en la calle ya espera un grupo de gente. Entre ellos me sorprende mucho ver a chicos y chicas, adolescentes, que se pegan golpecitos cómplices con el codo mientras asoma una sonrisa nerviosa a sus caras y señalan a Martín cuando le ven bajar del coche. Sospecho que Gustavo Montes tiene mucho que ver con el hecho de que tantos argentinos que no vivieron los triunfos de Martín (porque en algunos casos ni habían nacido) ahora le vean como una estrella. Montes se han encargado de divulgar no sólo el atletismo entre los ‘runners’, sino de dar a conocer la figura de Martín, que en su día fue un referente para los grandes fondistas de Argentina.

Es un adulto el que se lanza primero hacia Martín y se saca una foto con él. Y luego viene una mujer, y los chavales se animan y se acercan. Acaba de llegar y casi no le dejan avanzar hasta la puerta, aunque él responde a cada petición con calma y sonriendo y se para cada vez que se lo demandan para aparecer en ‘selfies’ que más tarde poblarán internet.

El acto lo abre un emocionado Montes, que cuenta el verdadero origen de lo que está ocurriendo aquí: su admiración por Martín Fiz, que fue la que le llevó a convertirse en corredor, y un viejo ejemplar de la revista Runners World España que su hermano le regaló hace años. Todo ello confluye hoy en el escenario del Auditorio Belgrano.



Antes de la película, Fiz recibe un importante reconocimiento de manera oficial por parte de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: el de “Huésped de honor”, con un diploma que recoge orgulloso. Rodrigo Moro, por su parte, sostiene otra ‘placa’, que declara al documental que dirige “de interés deportivo y educativo” para la ciudad de Buenos Aires.

El preludio perfecto a la película son las últimas palabras que pronuncia Martín: “mi vida es correr”. La frase sobrevuela un patio de butacas entregado al vitoriano mientras las luces se apagan. El auditorio queda a oscuras y el proyector lanza las primeras imágenes.

Otra victoria del campeón

72 minutos después, un largo y atronador aplauso surge de las sombras acompañado de vítores cuando Martín y Gustavo salen al escenario. Muchos se ponen pie, mientras Fiz intenta hablar, pero el jolgorio no se lo permite. El acto concluye con un nuevo reconocimiento a Martín Fiz, en este caso de mano de la Federación Atlética Metropolitana. Y luego, Gustavo invita a todos lo que lo deseen a que salgan a saludar y sacarse fotos con el protagonista de la película.

Mientras todo esto sucede, conozco al hermano de Gustavo Montes. Él sabe lo importante que es este acto. Me cuenta cómo fue aquel día del año 2002 en el que Gustavo, nervioso y emocionado como un niño, recibía la respuesta a un email que había enviado a Martín Fiz por primera vez.

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Esplendor atlético en la hierba

Al día siguiente Gustavo nos tiene preparadas aún algunas actividades. Por la mañana vamos a correr a Palermo con algunos atletas argentinos destacados, como Mariela Ortiz, la joven Carolina Lozano y Franco Díaz. Se muestran encantados de compartir un entrenamiento con Martín Fiz, algo que, asegura Franco, “te llena de energía”.

Él tendrá la oportunidad de correr cerca de Martín de nuevo por la tarde. Porque la última sorpresa de Gustavo Montes es en el club donde tanto él como Franco entrenan: la Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester, a unos 20 kilómetros de la capital. Todo lo que nos imaginábamos por las descripciones que nos habían hecho del lugar se queda corto cuando entramos en las instalaciones. La inusual pista de hierba nos sorprende, pero aún más el ambiente. En el lugar se respira atletismo como el de “antes”, dice Fiz. Aquel que él comenzó a entrenar hace algunas décadas.



Tras un calentamiento por el perímetro del club nos disponemos a hacer series de 400 metros. Gustavo se sitúa primero, seguido de Fiz y de Rodrigo Moro. Y empiezan a correr. Pasan el 200 demasiado rápido, pero acaban cómodos la vuelta a la pista en fila de a uno parando el reloj en 1.12, el tiempo estimado por serie para el entrenamiento de hoy.

El rostro de Montes rebosa satisfacción. Su sonrisa es permanente. Mientras recupera, mira a su entrenador, Hugo Gómez, que está a pie de pista, le señala y le dice con aire victorioso: “Te lo dije. Era mi sueño y lo he conseguido. He tirado de Martín Fiz una serie”. Su entrenador asiente y Gustavo mira de nuevo a su amigo Martín, que se dispone a iniciar la segunda serie. Todo el esfuerzo, la lucha contra los que no creían en é, el cansancio y las horas sin dormir han tenido su recompensa. Gustavo también ha conseguido su particular victoria, impregnándose de los valores que han hecho grande a su ídolo Martín Fiz.

Los dos empiezan a correr de nuevo, mientras la luz del sol va desapareciendo y una templada noche de primavera va arropando a todos los que entrenan sobre la hierba. Un atardecer que nunca olvidarán.

Fotos: Federico Andrade (Factor Running) y Luis Blanco