La guerra tecnológica ha dado un giro de 180 grados. Lo que hace unos años parecía imposible, hoy es una realidad que está sacudiendo los cimientos de la economía global: Apple ya tiene pulmones indios. Un reciente informe de Bloomberg ha desvelado que el gigante de Cupertino ha acelerado su divorcio con Pekín a una velocidad que nadie supo prever.
Apple ya fabrica el 25% de sus iPhones en India. No es una cifra menor: supone que el 25% de la producción mundial del dispositivo más deseado del planeta ha abandonado el suelo chino para refugiarse en el gigante del sur de Asia.
Este trasvase de poder industrial, que ha crecido un asombroso 53% en solo doce meses, implica que socios estratégicos como Foxconn y el conglomerado local Tata están trabajando a marchas forzadas para alimentar la demanda global.
Este cambio de piezas en el tablero mundial no solo afecta a los componentes de tu teléfono; afecta a las bolsas de valores y a la hegemonía del dólar. Con 55 millones de dispositivos saliendo de las fábricas de Tamil Nadu y otras regiones indias, Apple ha dejado claro que su futuro ya no pasa por el control de Xi Jinping.
¿Una victoria en la sombra para Donald Trump?
Aunque los comunicados oficiales hablen de "logística" y "diversificación", entre las líneas de los gráficos de Bloomberg se lee una lectura política clara. El movimiento de Tim Cook es, en la práctica, la gran victoria de la doctrina Trump contra China.
La presión arancelaria, las amenazas de bloqueos y la inestabilidad geopolítica han forzado a Apple a buscar un "plan de escape". La estrategia de Washington de asfixiar la dependencia de las fábricas chinas ha dado sus frutos.
Apple busca que en 2027 ningún iPhone vendido en EE.UU. dependa de la mano de obra de Pekín.