TSMC, el mayor fabricante de chips del mundo, publica un beneficio neto récord que crece un 69% en el tercer trimestre, su sexto trimestre consecutivo de resultados históricos. Sin embargo, esta fortaleza contrasta con la creciente preocupación del mercado sobre la sostenibilidad de las inversiones en inteligencia artificial, evidenciada por el aumento de los costes de asegurar el impago de compromisos de estas empresas.
TSMC logra su sexto trimestre consecutivo de récords mientras los costes de asegurar deuda de empresas tecnológicas alcanzan niveles sin precedentes.
Xavier Ferràs, profesor titular del Departamento de Operaciones, Innovación y Data Science de ESADE, caracteriza el momento actual como "un momento de fuerzas contradictorias". "Por un lado tenemos una demanda claramente alcista y por otro lado una financiación bajista", explica el experto, quien identifica a empresas como TSMC y ASML como "grandes cuellos de botella" en el sector.
La compañía taiwanesa controla la tecnología de silicio a escala de dos nanómetros, una capacidad única en el mundo que le permite fabricar chips con 80 mil millones de transistores en el tamaño de una uña. "Es una compañía que genera casi casi un monopolio, que genera ventajas injustas porque el nivel tecnológico es tan tan tan elevado que solo ellos son capaces de hacer ese tipo de chips", señala Ferràs.
Los resultados de TSMC muestran un incremento del beneficio del 69% y de las ventas del 50%, superando expectativas durante 11 trimestres consecutivos
¿La fuerte demanda se va a concretar en retorno real?
Esta incertidumbre explica por qué Anthropic retrasa su salida a bolsa. Ferràs identifica dos factores clave: problemas de ciberseguridad y falta de metodologías claras de adopción empresarial. "Yo creo que en el retraso de Anthropic , su salida a Bolsa y las dudas de OpenAI está también planeando el tema de que estos sistemas no son del todo seguros", explica.
El experto describe una "escalera progresiva" de adopción que comienza con la "inteligencia artificial a la sombra", donde los empleados la utilizan sin que la empresa sea consciente, avanza hacia proyectos operativos y estratégicos, hasta que finalmente "se reconstituirá la compañía sobre un núcleo de IA".
Sin embargo, los incidentes de ciberseguridad registrados en julio generan dudas serias. Ferràs ilustra el problema con un ejemplo: "Cómprame un billete para ir a Sidney y tú le das a una IA tu cuenta bancaria. Si ese agente entra a tu cuenta bancaria y no tienes dinero, igual decide comprártelo otra manera hackeando otra cuenta bancaria". Este tipo de situaciones frena la velocidad de salida a bolsa de empresas como Anthropic y OpenAI.
El sector atraviesa lo que Ferràs denomina "la fase fluida de la innovación", un momento donde "los proveedores no saben exactamente qué ofrecerte" y "los adoptantes no saben exactamente por dónde adoptarlo". Esta situación se refleja en la competición entre estándares, con Microsoft lanzando su nuevo Maia para controlar la fase de inferencia y competir contra Nvidia, mientras esta última se extiende hacia aplicaciones de manufacturing y médicas.
El mayor riesgo de impago se concentra precisamente en los centros de datos. CoreWeave, empresa especializada en construcción de centros de datos con deuda superior a 50 mil millones, protagoniza una caída en bolsa del 15%. Sus bonos que vencen en 2032, para los que la compañía prometía un rendimiento del 9,62%, ven dispararse su TIR hasta el 15% en el mercado.
"Hay una demanda creciente y esta demanda creciente se concreta en más necesidad de cómputo y más necesidad de espacio en los centros de datos", reconoce Ferràs, quien advierte que "ahí puede haber una burbuja". El experto anticipa un cambio de tendencia hacia modelos más pequeños, con menos consumo energético y computacional, "más adaptados a la realidad empresarial".
Ferràs compara la situación actual con "un puzle que está desordenado, donde ves que detrás claramente hay una imagen muy bonita pero que no acaban de encajar las piezas". El profesor prevé que estas piezas encajarán "probablemente en el medio plazo", aunque advierte que "en el corto plazo nos espera una etapa todavía larga de turbulencia, quizá uno o dos años".