Después de varios años de inversiones multimillonarias, una carrera frenética por desarrollar modelos cada vez más potentes y una auténtica fiebre inversora alrededor de la IA, las principales compañías del sector comienzan a reconocer que quizá haya que avanzar más despacio.

Sam Altman, CEO de OpenAI, se ha sumado a las voces que reclaman mayor cautela en el desarrollo de los modelos más avanzados. Una posición que coincide con las advertencias de otros pesos pesados de la industria sobre los riesgos asociados al rápido crecimiento de esta tecnología.

El movimiento llega además en un momento especialmente delicado para los mercados. La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los grandes argumentos de Wall Street y ha disparado las expectativas sobre compañías de chips, centros de datos y grandes plataformas tecnológicas.

¿Están las empresas corriendo demasiado?

La respuesta de los inversores se ha dejado notar. Las compañías asiáticas más expuestas al boom de la IA han sufrido fuertes descensos, con especial impacto en aquellas que mantienen grandes inversiones vinculadas a OpenAI como es el caso de Softbank, que este lunes ha llegado a dejarse más de un 13%.

Todo ello después de que este fin de semana conociéramos que OpenAI ha decidido retrasar sus planes de salida a Bolsa. La empresa no contempla finalmente debutar en Wall Street durante 2026 y deja abierta la puerta a una operación posterior. El aplazamiento añade incertidumbre a una compañía que se encuentra en el centro de una de las mayores apuestas empresariales de la historia de la tecnología.

Durante años, la pregunta era cuánto dinero podía generar la inteligencia artificial. Ahora empieza a ser otra: cuánto capital, cuánto tiempo y cuánto riesgo están dispuestos a asumir los inversores para mantener esta carrera.

Y cuando son las propias empresas de IA las que empiezan a hablar de frenar, quizá el mercado esté entrando en una nueva fase, la de demostrar que las enormes expectativas creadas alrededor de la inteligencia artificial también pueden convertirse en beneficios reales.