Las advertencias sobre los riesgos de la inteligencia artificial han aumentado considerablemente en las últimas semanas, generando un debate cada vez más intenso sobre las posibles consecuencias negativas que esta tecnología podría acarrear. En este contexto, Pau García-Milà, CEO y cofundador de Founderz, ofrece una perspectiva equilibrada pero inquietante sobre el futuro que nos espera.
"Las horas pares digo que no es para tanto. Ahí es cuando pienso como persona que se dedica a esto. Las impares, como padre de tres niños y otro en camino, y ahí me preocupa bastante", confiesa García-Milà, resumiendo la dualidad que muchos expertos experimentan al evaluar el impacto de la IA.
La singularidad: una realidad inminente, no ciencia ficción
Según el experto, estamos a las puertas de lo que se conoce como la singularidad, "el momento donde la IA haga cualquier tarea mejor que nosotros, que el mejor de los humanos". García-Milà es categórico al respecto: "Esto va a ocurrir. No va a ocurrir o no, sino de cuándo va a llegar. Seguro que pasará".
Esta afirmación plantea una pregunta fundamental: si la llegada de la singularidad es inevitable, ¿cómo debemos prepararnos? Para García-Milà, la respuesta está clara: "Lo que más conviene es tener la máxima información posible y estar preparado más que tratar de frenarlo". Sin embargo, advierte que es crucial "entender el qué implicación tiene al fin y al cabo, que la inteligencia artificial sea mejor que el mejor de los humanos en una tarea".
El desafío de la velocidad: cuando la normativa no puede seguir el ritmo
Uno de los principales problemas que identifica García-Milà es la velocidad vertiginosa a la que avanza la tecnología. "Siempre la normativa siempre va después del fenómeno, pero en este caso el hándicap que nos encontramos es la velocidad", explica. "Encima, además de que la normativa siempre va después, cuando ya se ven las consecuencias de algo, se trata de legislar sobre ello. A estas velocidades es todavía más difícil".
Para ilustrar esta aceleración exponencial, García-Milà ofrece un dato revelador: "Algo que hace cuatro años y medio tardaban 800 horas de trabajo, que era clonar una voz —vimos un anuncio de Lola Flores con unas funciones— hoy necesitamos seis segundos". La comparación es asombrosa: de 800 horas a seis segundos en apenas cuatro años.
Pero lo más preocupante, según el experto, es que esta progresión no es lineal: "Eso asumiendo que no acelera y que tiene un avance lineal. El tema es que está acelerando".