El objetivo es que Ramaphosa, de 65 años, asuma el cargo de presidente un año antes de las elecciones de 2019, para poder convencer a los votantes de su compromiso a reconstruir la castigada economía del país y luchar contra la corrupción que ha caracterizado la era Zuma.
El comité ejecutivo del partido tiene autoridad para ordenar a Zuma que renuncie como jefe de estado, aunque según la prensa local hay muchas probabilidades de que se niegue a hacerlo. En ese caso, el partido podría pedir a los legisladores que utilicen su mayoría en el Parlamento para votar su destitución despejando así el camino a Ramaphosa.
Por el momento, el optimismo se traslada al mercado y la divisa sudafricana, el rand, se fortalece frente al dólar. El que podría convertirse pronto en presidente del país es abogado y uno de los hombres más ricos de Sudáfrica, por lo que se espera que adopte políticas más favorables a las empresas.
Los partidos de la oposición también quieren que la Asamblea Nacional debata una moción de confianza sobre Zuma esta misma semana y disolver posteriormente el Parlamento para celebrar elecciones anticipadas.
Zuma, de 75 años, asumió el cargo en mayo del año 2009 y siempre ha negado cualquier incriminación contra él. Bajo su mandato la economía apenas ha crecido un 1,6% anual; pero más allá de los posibles motivos económicos, las acusaciones de favorecer a miembros de su familia, influir en los nombramientos del gabinete o la adjudicación de contratos estatales han sacudido la confianza de inversores y compañías.