El conflicto en Irán ha vuelto a poner en alerta a los mercados energéticos y ha reavivado el temor a que se produzca un bloqueo del Estrecho de Ormuz, una de las rutas clave para el transporte mundial de petróleo. Como consecuencia, el precio de los carburantes ha empezado a subir tanto en España como en muchos otros países.
Aunque la subida afecta a la gasolina y al diésel, el encarecimiento está siendo más acusado en el caso del gasóleo.
¿Por qué el diésel está más caro que la gasolina tras el conflicto en Irán? Hoy ponemos el foco en los motivos que hay detrás.
El precio medio de la gasolina en toda España se sitúa en 1,717 euros/litro, según los últimos datos disponibles. Esta cifra supone un incremento de 0,007 euros respecto a los registros anteriores. Antes del inicio de la operación militar, el litro de gasolina sin plomo 95 rondaba los 1,475 euros.
En cuanto al diésel, el precio medio se sitúa en 1,84 euros/litro, una subida aún más pronunciada si se compara con el día anterior, cuando costaba 0,06 euros menos. El día previo al estallido del conflicto estaba en 1,435 euros.
Este aumento está directamente relacionado con lo que sucede en los mercados internacionales del petróleo. El diésel es un combustible fundamental para el transporte de mercancías y para numerosos sectores profesionales, lo que hace que su evolución sea especialmente sensible a los cambios en el precio del crudo.
El conflicto ha impulsado el valor del petróleo hasta situarlo alrededor de los 100 dólares por barril, con fuertes oscilaciones.
La principal razón es el miedo a que la guerra pueda interrumpir el tránsito de petróleo por el Estrecho de Ormuz, un punto estratégico para el comercio energético mundial. Los operadores del mercado no esperan a que el suministro se vea realmente afectado: basta con la posibilidad de un corte para que los precios empiecen a subir.
Dos motivos principales
El encarecimiento del petróleo repercute en todos los combustibles, pero el diésel suele reaccionar con más intensidad que la gasolina por dos motivos principales. El primero es su amplia utilización más allá de los vehículos particulares. Camiones, maquinaria industrial, equipos agrícolas e incluso algunos sistemas de calefacción funcionan con gasóleo.
La segunda razón tiene que ver con el funcionamiento de las refinerías. Aunque producir diésel suele ser más sencillo y, en origen, puede resultar más barato que producir gasolina, las tensiones geopolíticas alteran los márgenes de suministro y distribución.
A todo ello se suma otro factor: el peso de los impuestos en el precio final del combustible. Algunos expertos dicen que lo que pagan los consumidores en el surtidor no depende únicamente del coste del producto, sino también de la carga fiscal.
En definitiva, el conflicto en Irán ha provocado una subida del precio del petróleo, que actúa como detonante inicial. Los mercados energéticos reaccionan anticipándose a posibles riesgos de suministro. A partir de ahí, el diésel tiende a encarecerse más que la gasolina porque está más vinculado a la actividad industrial.