Con la llegada del verano y el aumento de los viajes a las costas, la problemática de las basuras marinas cobra especial relevancia. El mar no se encuentra en sus mejores condiciones debido a la acumulación de residuos plásticos, pero un innovador proyecto español podría ofrecer una solución revolucionaria.
Oceanzyme está investigando el reciclaje enzimático de vertidos marinos, una iniciativa que integra distintas disciplinas científicas con el objetivo de dar una segunda vida a los residuos plásticos que se encuentran en el mar. Silvia Acinas, investigadora del proyecto, explica que se trata de "un proyecto bastante bueno, creemos que innovador" que utiliza la degradación enzimática como herramienta principal.
¿Cómo funciona el reciclaje enzimático?
El fundamento científico del proyecto se basa en una realidad biológica fundamental: "los microorganismos que están en el plato llevan en el mar y en nuestro planeta millones de años, entonces tienen la capacidad funcional de degradar cualquier tipo de compuesto que nos imaginemos y también el plástico", explica Acinas.
El proceso comienza con la recuperación de residuos plásticos del fondo del mar mediante pesca pasiva, colaborando con distintas embarcaciones pesqueras. Una vez recogidos estos residuos, los investigadores se centran en analizar los biofilms y microorganismos adheridos a los plásticos. "Intentamos analizar sus genes, intentar aislar estas bacterias que están creciendo ahí en el laboratorio, intentar de alguna manera saber que existen y qué genes están degradando estos compuestos plásticos", detalla la investigadora.
La innovación radica no solo en aislar bacterias capaces de degradar el plástico, sino en "sintetizar estas enzimas que vienen de estas bacterias y modificarlas de alguna manera para que sean más eficientes y más eficaces". Esto permitiría crear "una especie de compost con estos residuos plásticos, con estas enzimas que son procedentes de estas bacterias y de manera de acelerar este proceso de degradación".
Desafíos técnicos y económicos
Respecto a los costos de implementación a gran escala, Acinas reconoce que "estamos en el nivel -5 todavía para poder contestar a esta pregunta". El proyecto se encuentra en una fase de ciencia básica, donde primero es necesario identificar qué bacterias son capaces de realizar la degradación de manera eficiente.
Un aspecto técnico crucial es la temperatura. "Sabemos que muchos de los procesos de degradación de plásticos requieren bastante temperatura, entonces sería ideal que algunas de estas bacterias tengan esta capacidad enzimática de hacerlo a temperaturas elevadas porque muchos de los procesos posteriores de reciclaje del plástico requiere la transformación a altas temperaturas".
El principal desafío es "intentar sacar resultados en un plazo razonable porque el proyecto es de dos años, tiene una financiación bastante limitada". La Fundación Biodiversidad ha apostado por esta iniciativa, lo que subraya su importancia estratégica.
El proyecto incluye un componente de bioingeniería avanzada: "tenemos un compañero que realiza todas las estructuras en 3D de estas proteínas para intentar saber de qué manera modificando determinados aminoácidos puedes mejorar la eficiencia de activación de estas enzimas".