Anthropic, la creadora de Claude, ha decidido que para salvar al mundo de los riesgos de la inteligencia artificial, primero debe conquistar el Capitolio. En un giro estratégico que marca su mayoría de edad política, la startup ha pasado de los foros académicos a una ofensiva de cabildeo sin precedentes en Washington D.C., movilizando millones de dólares para influir en la regulación que definirá el futuro de la industria.

Esta misma semana, la compañía ha dado un golpe sobre la mesa al anunciar una donación de 20 millones de dólares a Public First Action, un grupo político destinado a respaldar a candidatos que favorezcan reglas claras de seguridad en la IA antes de las elecciones de medio término de 2026. Con este movimiento, Anthropic no solo busca un marco legal favorable, sino también marcar distancias con competidores como OpenAI, posicionándose como la opción "segura y patriótica".

Promete una inversión de 50.000 millones de dólares en centros de datos en Texas y Nueva York

La estrategia de la empresa es una "operación pinza" bipartidista. Ha contratado a firmas de alto calibre como Fierce Government Relations (de influencia republicana) y Avenue Solutions (con fuertes lazos demócratas). Además, ha integrado en sus filas a veteranos como Jared K. Powell, exjefe de gabinete en el Congreso. Solo en el último tramo de 2025, el gasto de Anthropic en gestiones directas ante el gobierno superó el millón de dólares por trimestre, una cifra que ya compite con los gigantes tradicionales del sector.

Pero el lobby no es solo retórica; es infraestructura. Anthropic está vendiendo una narrativa de "soberanía tecnológica" frente a China, prometiendo una inversión de 50.000 millones de dólares en centros de datos en Texas y Nueva York. Para terminar de seducir a la burocracia federal, ha lanzado una oferta agresiva: acceso a sus modelos para agencias gubernamentales por el precio simbólico de un dólar.

En Washington, donde el que no está sentado a la mesa termina en el menú, Anthropic ha decidido comprar la mesa entera. Su meta es clara: asegurar que las leyes de IA de 2026 lleven su ADN, garantizando su relevancia en la carrera por la inteligencia artificial general.