Wall Street llega a las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos con el gesto torcido, pero la historia sugiere que suele salir de ellas con mejor cara. El próximo 3 de noviembre, los estadounidenses vuelven a las urnas en las llamadas midterms, y los datos acumulados desde 1950 dibujan un patrón que los inversores conocen bien: un año discreto hasta la votación y un repunte posterior que, hasta ahora, no ha fallado ni una sola vez.

Un año flojo antes de las urnas

Los años de midterms no son los favoritos del mercado. Según el análisis de Capital Group, desde 1931 el S&P500 ha ganado de media un 4,7% en esos ejercicios, justo la mitad del 9,5% que suma en el resto de los años. La volatilidad, además, tiende a dispararse en los meses previos a la votación, y las caídas llegan a ser importantes: la corrección máxima media antes de unas midterms ronda el 16%, y otro estudio eleva esa cifra hasta el 17,5% si se parte de 1950.

La razón de fondo es la incertidumbre. Estas elecciones renuevan la Cámara de Representantes y parte del Senado, y de su resultado depende el margen que tendrá el presidente para gobernar en materia de impuestos, gasto público o regulación. A ello se suma un hecho recurrente: el partido del presidente suele salir debilitado. En las 23 midterms analizadas por Capital Group, perdió de media 27 escaños en la Cámara baja y tres en el Senado.

Después de votar, la bolsa respira

Pasada la cita con las urnas, el mercado cambia de humor. Según los datos de Schaeffer's Research, desde 1950 el S&P500 ha subido de media un 0,65% al día siguiente de las elecciones, con resultado positivo en el 78% de los casos. Y el efecto se prolonga: en los seis meses posteriores, el índice cerró en positivo las 18 veces que se ha medido, con una ganancia media del 13,9 %.

Mirando a un horizonte más amplio, la regularidad es todavía más llamativa. En los doce meses siguientes a unas midterms no hay un solo año negativo desde 1950. La rentabilidad media fue del 15,4% según Capital Group y del 16,6% según BNY, más del doble de lo habitual en cualquier periodo de doce meses. Buena parte de esa recuperación se concentra en el tramo final del año: en los ejercicios de midterms, el índice suele moverse en terreno plano durante meses y despega en noviembre y diciembre.

Por qué ocurre y qué conviene matizar

Los analistas no apuntan a una única causa, pero coinciden en lo esencial. Al mercado le preocupa menos quién gane que no saberlo, así que, cuando el resultado se conoce, la incertidumbre se disipa y el dinero que esperaba en la banda vuelve a entrar. A eso se añade que perder escaños es lo habitual para el presidente de turno, de modo que buena parte del golpe político ya está descontado en los precios. Y los últimos meses del año suelen ser favorables para la renta variable, con elecciones o sin ellas.

Eso no convierte la estadística en una garantía. La muestra es limitada, con 19 midterms desde 1950, y que dos fenómenos coincidan no prueba que uno cause el otro: los beneficios empresariales, los tipos de interés y el ciclo económico pesan tanto o más que la política. Los propios gestores advierten de que intentar entrar y salir del mercado siguiendo este calendario se parece más a una apuesta que a una estrategia de inversión.

La bolsa estadounidense suele llegar a las midterms a media máquina y salir de ellas con paso firme. La historia lo respalda con una consistencia poco habitual, pero las rentabilidades pasadas no garantizan las futuras.