Los mercados financieros viven un momento excepcional. Wall Street está a punto de cumplir diez semanas consecutivas de subidas, marcando máximos históricos en un comportamiento que nadie imaginaba hace tres meses, cuando se produjo el ataque a Irán.
Juan Ignacio Crespo, analista financiero, establece un paralelismo con la crisis del petróleo de 1990. "Desde que se produjo la invasión de Kuwait por las tropas de Saddam Hussein hasta que el precio del petróleo alcanzó su máximo de esa crisis, solo pasaron dos meses y diez días. A partir de ahí las bolsas empezaron a recuperar", explica.
Reconoce un comportamiento excepcional de los mercados pese a la extensión de la crisis en Oriente Medio y avisa sobre lo que viene en la IA.
El experto destaca que en marzo las bolsas cayeron "la mitad de lo que cabía esperar", pero desde finales de marzo y primeros días de abril comenzaron su recuperación. "El precio del petróleo ya no logró alcanzar un máximo", añade Crespo, quien había pronosticado que la crisis del petróleo terminaría para el día de San Isidro.
Factores excepcionales impulsan la recuperación
Esta recuperación bursátil no tiene precedentes en ninguna crisis del petróleo de los últimos 50-60 años. Crespo atribuye este comportamiento extraordinario a "la enorme liquidez que hay en el sistema y sobre todo por las promesas de la inteligencia artificial que ya empieza a devorarse a sí misma de la velocidad a la que va".
Los resultados empresariales del primer trimestre han sido "impresionantes", superando las expectativas y alimentando el optimismo. El analista señala que el petróleo ha pasado a segundo plano, algo "totalmente inaudito", como refleja la portada del Financial Times, donde ya no aparece el Golfo de Ormuz entre las principales noticias.
Crespo prevé que las subidas continúen hasta el otoño, momento en el que espera "un recorte importante de las bolsas" relacionado con una posible subida de tipos de interés. El bono a 30 años americano paga actualmente un rendimiento del 4,99%, y el analista anticipa tipos de largo plazo más altos en Estados Unidos, lo que provocará pérdidas en las carteras de renta fija existentes.