El organismo presidido por Mark Carney, que también cita la desaceleración económica global, ahora prevé un crecimiento del 1,2 por ciento este año, frente al 1,7 por ciento pronosticado hace tres meses, lo que ha provocado una caída en la libra.
Además de mantener los tipos, la entidad no varía tampoco su programa de estímulo económico, con el que desde 2009 ha destinado 445.000 millones de libras (506.000 millones de euros) a la compra de bonos de deuda privada y, sobre todo, soberana.
El banco central augura que la inflación, que se situó en un 2,1 por ciento en diciembre, seguirá bajando a corto plazo hasta situarse por debajo del objetivo oficial de la entidad, del 2 por ciento.
"En particular, los nuevos arreglos comerciales entre la UE y el Reino Unido; si la transición hacia éstos es abrupta o suave y cómo los hogares, empresas y mercados financieros responden", afirma.
En un informe al Parlamento el pasado noviembre, el Banco de Inglaterra pronosticó que, en el peor escenario del brexit -una salida abrupta sin acuerdo ni periodo de transición-, el PIB podría caer un 8 % sobre los niveles actuales y la libra bajaría un 25 %, sumiendo al Reino Unido en una recesión.