Si nos retrotraemos a la década de los 70 y aprendemos de los estragos que nos dejó la gran apodada Crisis del Petróleo, originada también en Oriente Medio a causa del apoyo de Estados Unidos a Israel en la guerra del Yom Kipur, observamos un punto de inflexión para el funcionamiento de las economías de Occidente.

Los países árabes exportadores de petróleo utilizaron la materia prima para presionar a Estados Unidos, disparando su precio y causando un shock económico mundial. Aunque, tal vez, lo más impactante sea recordar el precio al que cotizaba el crudo por aquel entonces: El precio del barril, que rondaba los 2,90 dólares se disparó en cuatro meses por encima de los 11 dólares.

Hoy día resulta difícil pensar en la imagen de un Estados Unidos de vehículos haciendo largas colas para repostar y de estaciones de repostaje sin combustible, pero por aquel entonces, es lo que sucedió. ¿Sería tan descabellado pensar en que esta situación vuelva a producirse?

Plan de contingencia: del cierre de gasolineras a una semana laboral de 4 días

La situación actual, ya nos está dejando algunos escenarios similares. Por ejemplo, casi un tercio de las gasolineras en Camboya han cerrado temporalmente. El gobierno tailandés ha desaconsejado a los funcionarios públicos usar traje para limitar la necesidad de aire acondicionado y en Filipinas, se ha establecido una semana laboral de cuatro días para reducir el consumo de combustible.

En el otro lado de la moneda, estos son algunos de los cambios más “positivos” que se produjeron con la anterior crisis de petróleo, según el Foro Económico Mundial. Fue un antes y un después en la infraestructura ciclista de Países Bajos, pero también para la energía nuclear de Francia o la eólica en Dinamarca. En el 79, el 90% de su energía dependía del petróleo y en 2024 ese porcentaje se había reducido hasta un 35%.

Además, también introdujo la reducción del límite de velocidad en Estados Unidos y el concepto de almacenamiento de reservas estratégicas de petróleo. .

La anterior crisis de Suez en 1956 ya enseñó a Europa a buscar vías alternativas para el transporte de su energía, lo que implicó la construcción de nuevos gasoductos y oleoductos. Algo, que también sucederá tras la actual crisis. En opinión de Ángel Martín, fundador de la plataforma especializada en el sector minero, Truth Below, "caminaremos a una mayor seguridad del suministro y provocará la reorganización de las cadenas de valor hacia una mayor regionalización".