El conflicto bélico en Irán está generando importantes consecuencias para el sector agrario español, especialmente para los productores de alfalfa deshidratada.
Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos importan anualmente 280.000 toneladas de este producto español, representando el 40% del total de las exportaciones nacionales, destinadas principalmente a alimentar caballos de pura sangre, camellos de carreras y ganado de leche valorados en millones de dólares.
Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos compran el 40% de la producción nacional, valorada en 280.000 toneladas anuales, explica COAG.
Impacto económico y logístico del conflicto
Según Javier Fatás, miembro de la Comisión Ejecutiva de COAG, el impacto económico en el sector puede ser devastador. "Buscar otras vías para llevar esta alfalfa a estos países encarece pues bueno, lo que es la logística en más de un 250% y es uno de los valores fundamentales en el precio final de la alfalfa puesto allí", explica Fatás.
La situación actual es crítica, con barcos conteniendo producto español y almacenes en el Valle del Ebro esperando a distribuir la alfalfa de la campaña pasada. Esta paralización coincide con el momento crucial de formalización de contratos para la próxima campaña, creando una incertidumbre importante en el sector.
Fatás detalla que "más que paralizarse, lo que se ha paralizado es la entrega. Los pedidos de momento parece que están aguantando y están esperando a ver si esto es cuestión de una semana solo y podemos volver a reanudar ese transporte por la vía normal".
El proceso productivo y las regiones afectadas
España es el primer productor y exportador europeo de alfalfa deshidratada, con una cadena de valor que integra producción en regadío, deshidratación industrial y logística de exportación. Las principales regiones productoras son Aragón, Cataluña y Navarra, concentradas en el Valle del Ebro, aunque Castilla y León también produce cantidades significativas destinadas principalmente al consumo interno.
El cultivo de alfalfa requiere entre cinco y siete cortes por temporada, desde primeros de abril hasta mediados de noviembre. El proceso de deshidratación ha revolucionado la producción tradicional, reduciendo el tiempo de secado en campo de seis-ocho días a solo dos-tres días, lo que permite mantener mayor calidad proteica y digestibilidad.
Búsqueda de mercados alternativos
Ante la crisis, el sector está explorando nuevos mercados. "Se está llevando bastante alfalfa hacia la zona de Asia y también intentaríamos volver a llevar algo más de alfalfa hacia Europa", indica Fatás.
Sin embargo, reconoce que "la necesidad de estos países y la petición de alfalfa de alta calidad que tenemos por parte de ellos no nos gustaría perderla porque en otros sitios puede ser que haya forrajes de menos calidad".
Demandas al Gobierno y valoración de las ayudas
El sector demanda diplomacia activa para abrir nuevos mercados y considera insuficientes las ayudas gubernamentales aprobadas tras el Consejo de Ministros extraordinario. "Mientras que el gasóleo de automoción se ha encarecido en un 30 y tantos por ciento, en el sector agrario esos carburantes se han encarecido entre un 71 y 90%", denuncia Fatás.
COAG valora positivamente el refuerzo de la Comisión Nacional de Mercados y Competencia para controlar la especulación, considerándola vital para contener los precios. "No hacemos nada si quitamos 20 céntimos por litro de gasóleo si eso sirve a los grandes oligopolios a enriquecerse más", advierte el representante agrario.
La crisis de la alfalfa española ilustra cómo los conflictos geopolíticos impactan directamente en sectores agrarios especializados, poniendo en riesgo cadenas comerciales consolidadas y la viabilidad económica de miles de productores en las principales regiones cerealistas del país.