A apenas unos días de que arranque la COP25 en Madrid, la ONU alerta de que debemos reducir más el CO2 o no vamos a cumplir los objetivos marcados. Pero lo cierto es que hay un animal que absorbe gran cantidad de las emisiones y no lo estamos cuidando.

La ciencia se está volcando en encontrar soluciones. Por ejemplo, científicos israelíes estudian cómo transformar una bacteria del intestino para que se alimente de CO2.

Pero lo cierto es que esa tarea puede tener un papel fundamental un animal que ya existe: se trata de las ballenas.

Así se recoge en un estudio publicado por el Fondo Monetario internacional que una ballena absorbe 30 toneladas de CO2 en toda su vida. Teniendo en cuenta que viven de media unos 70 años, esto serían 375 kilogramos al año. Por su parte un árbol absorbe 20 kilogramos en un año.

En el mismo informe, el FMI estima en 1.000 millones de dólares el beneficio económico de la reducción de CO2 lograda por la población mundial de cetáceos.

Es por eso que el organismo propone invertir en el cuidado de las ballenas, porque nos van a ahorrar dinero que tendríamos que gastar en otras medidas.

Los océanos, tan importantes como los bosques

Estos cetáceos, además de capturar el CO2, ayudan a la producción del fitoplancton que aporta al menos el 50% de todo el oxígeno de la atmósfera de la Tierra.

De acuerdo con el estudio, aumentar la producción de fitoplancton en un 1% tendría el mismo efecto que si de golpe aparecieran 2.000 millones de árboles maduros.

Según la ONU, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deberían bajar un 7,6% cada año entre 2020 y 2030 para que la humanidad estuviera en camino de contener el aumento de temperaturas en 1,5°C.

Ese es el objetivo que se fijó en el Acuerdo de París. Los expertos alertan de que, de no cumplirlo, las consecuencias serían graves e impredecibles.

De ahí la importancia de las ballenas, no solo por lo que ayudan a reducir el CO2, sino también por su contribución al buen estado de los océanos.