Vladimir Putin obtiene la reelección en unos comicios donde no se esperaban sorpresas. Las encuestas le daban como claro favorito y ha obtenido más del 70% de los votos, con los únicos rivales posibles fuera de la campaña electoral. Por eso, los partidos de la oposición llamaban a no votar y el renovado presidente de Rusia necesitaba un participación que como mínimo igualara el 65% de 2012 para ver revalidado el apoyo del país a sus políticas. Según la Comisión Electoral Central, la participación ronda el 67,47%.



Entender las claves del éxito de Putin es complejo desde la óptica occidental, sobre todo teniendo en cuenta que lidera el país desde hace ya 18 años. El investigador principal del CIDOB, Nicolás de Pedro, explica en Entre Líneas que el enorme apoyo popular al mandatario tiene mucho que ver con su control sobre los medios de comunicación y la poca o ninguna existencia de una pluralidad política real, pero también con el hecho de que más del 70% de la economía nacional esté controlada por el Estado, lo que hace que una gran mayoría de la población dependa de cómo se ejerza dicho control.

Putin no es únicamente el pegamento que mantiene unida la Rusia moderna, es el adalid de su nueva grandeza. “Ha tenido el olfato de identificar que hay una parte importante de la sociedad a la que esta idea de la grandeza de Rusia, aunque tenga más que ver con aspectos simbólicos que con la realidad, le anima, así que él la alimenta. Por ello utiliza una política exterior agresiva como principal elemento sobre el que sustentar su legitimidad, de un líder fuerte que hace frente a los enemigos exteriores e interiores de Rusia” explica de Pedro.

¿Continuará Putin en el poder después de 2024?


Este sería, según la legislación, el último mandato de Putin desde que accedió al poder en el año 2000. No ha señalado a ningún sucesor y el temor es que tras su marcha todo el sistema se desmorone. De Pedro descarta una reforma de la Constitución como ha hecho Xi Jinping en China: “Es un cumplidor de la ley literal”. Así qué se baraja más la posibilidad de que nombre finalmente a un sucesor “títere” y siga gobernando en la sombra.

El gran reto que tiene el dirigente ruso por delante son las reformas pendientes: la del ejército y la económica. Tras 18 años en el cargo, Rusia sigue sin diversificar su economía y sigue siendo enormemente dependiente de los ingresos por hidrocarburos, de los que es el principal exportador mundial. Explica el doctor en relaciones internacionales, Alberto Priego, que esto hace que el país sea muy vulnerable y junto a la poca transparencia, la corrupción y el hecho de ser un régimen autoritario, lastra la inversión y favorece la fuga de capitales. “Cada vez es más difícil invertir en Rusia”, explica desde la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE, y añade que para atraer capital necesita “normas claras, un marco jurídico estable y estabilidad política”.

 

Productos exportados e importados. Fuente: WTO.

Aunque el año pasado su PIB volvió al crecimiento y Rusia salió de la recesión, la eterna pregunta es, ¿con la caída de los precios de las materias primas y lo poco diversificada que está su economía, hasta cuándo aguantará el modelo?
Rusia es el primer exportador mundial de hidrocarburos y utiliza sus recursos geoestratégicamente

Es importante tener en cuenta la política exterior rusa, basada en el poder que le dan sus recursos energéticos para defender sus intereses nacionales como han mostrado los cortes de gas a Ucrania o las presiones a la baja del precio. Según el coronel José María Pardo de Santayana y Gómez-Olea, analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos, la ventaja de Rusia es “que puede bajar el precio del gas y hacerlo más competitivo, lo que hace que en su caso tendría que ser una crisis de precios muy extrema para que salga perjudicada”.

Por ello también es complicada la relación con el Viejo Continente, que es su principal destino de importaciones y exportaciones. El contexto energético hace que ambas regiones sean dependientes la una de la otra y que la Unión Europea esté constantemente buscando fuentes alternativas de energía.




Destinos de exportaciones e importaciones. Fuente WTO

Algo diferente sucede en el caso español, según Priego. Al tener España fuentes de energía diferentes, Rusia no puede ejercer ese poder y deja de ser una amenaza, “lo que da lugar a que tengan fuertes relaciones comerciales sobre todo en sectores como infraestructuras o alimentación”.

Putin ha ganado estas elecciones, pero el futuro de la economía rusa seguirá en tela de juicio. El gran reto es la apertura y la diversificación económica, pero esto implica necesariamente cierta liberalización y, sobre todo, una pérdida del control actual que mantiene el Estado. Nadie cree que este momento haya llegado todavía, por lo que cabría esperar que Putin siga buscando en su estrategia exterior la legitimidad que no consigue con la situación económica doméstica.