Algunos expertos señalan que la reducción de la jornada laboral puede favorecer la productividad. Y Microsoft ha demostrado que no es solo teoría. La empresa estadounidense decidió hacer la prueba e implantar la jornada de cuatro días en sus oficinas de Japón. Obviamente sus empleados estaban más felices, pero además eran mucho más productivos. En concreto un 40% más productivos.

Y no es el único dato positivo del experimento: los trabajadores han tomado un 25% menos de tiempo libre durante su jornada, el gasto en electricidad bajó un 23%, imprimió un 59% menos de papel y el 92% de los empleados se mostraron a favor de la iniciativa.

El caso de Nueva Zelanda

Una empresa de Nueva Zelanda implantaba la jornada laboral de cuatro días a la semana en lugar de cinco en octubre de 2018. Se trata de Perpetual Guardian, una firma que se dedica a la gestión de patrimonio.

En ese caso, los empleados podrán disfrutar el quinto día de una mayor flexibilidad en sus horarios de entrada y salida, en función del tráfico o de sus necesidades de cuidado infantil. Andrew Barnes, el fundador de la compañía, en una entrevista con la CNN explicaba que “cada uno de nuestros empleados tiene que alcanzar un nivel de productividad acordado entre el propio trabajador y la empresa. Si consiguen ese nivel, les recompensamos con un día libre cada semana”.

Antes de poner en marcha la iniciativa de forma oficial, Nueva Zelanda llevó a cabo un experimento durante los meses de marzo y abril de ese año, para cuantificar resultados.

Según los expertos encargados de su seguimiento y evaluación, el experimento fue un “éxito absoluto”. El 78% de los trabajadores habría conseguido una mayor conciliación en su vida laboral y personal al trabajar sólo cuatro días pero cobrando como si hubieran fichado cinco. Antes del experimento, el sentimiento de conciliación era del 54% para los empleados.

Además de la conciliación, el nivel de estrés de los trabajadores se vio también afectado para bien. Se ha reducido un 7% y la satisfacción general crecía un 5% y también aumentaba el nivel de compromiso con el trabajo.

Es por eso que, con estos datos sobre la mesa, los abogados a los que ha consultado Perpetual Guardian dieron el visto bueno a la iniciativa. Tal fue el éxito, que el propio director de la compañía puso en marcha una plataforma para fomentar la jornada de cuatro días en más empresas, se trata de 4dayweek.com.

Más países que trabajan menos de 40 horas

Esta propuesta de momento solo se implantó en una empresa de Nueva Zelanda, pero hay un exclusivo club de países que sí tienen jornadas reducidas.

El caso de Suecia fue sonado, porque corrió la noticia de que también habían reducido la jornada en todo el país. Pero en realidad fue un experimento en la ciudad de Gotemburgo, para estudiar la viabilidad de la jornada diaria de seis horas. En una residencia de ancianos, a las 68 enfermeras que trabajaban allí se les redujo la jornada de 8 a 6 horas con el mismo sueldo. Contrataron a 17 personas para cubrir esa reducción. En los 2 años que ha durado el estudio se ha visto que ha mejorado la calidad de vida de los trabajadores pero han aumentado demasiado los costes, por lo que han decidido que no puede hacerse extensivo a otras empresas.

Según un estudio de la Fundación New Economics británica, está demostrado que reducir la jornada laboral aumenta la productividad puesto que los empleados aprovechan mejor el tiempo y al tener más tiempo libre, descansan más y vuelven más motivados. Esto a su vez provoca que haya menos bajas laborales.

En lo que respecta a nuestro país, los españoles trabajamos de media 1.690 horas al año, por debajo de la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que es de 1.765 horas. Eso sí, como hemos visto hay países donde se trabajan menos horas.

Y ahora que estamos a las puertas de las elecciones, varios partidos llevan en su programa la propuesta de reducir la jornada laboral semanal, pero no sabemos si tendría tanto éxito con el de Microsoft en Japón. En todo caso, de momento son solo promesas.