Los activos se traspasarán a una nueva entidad de la que Caixabank venderá el 80% a Lone Star y mantendrá el 20% restante. Ambas firmarán un acuerdo para regular su relación como socias de la nueva compañía. El precio de venta del 80% de la compañía será el 80% de la valoración final del negocio a la fecha de la operación que " dependerá principalmente del número de activos inmobiliarios que permanezcan en la compañía en esa fecha". El valor bruto de los activos inmobiliarios a 31 de octubre de 2017 era de 12.800 millones de euros, con un valor neto contable aproximado de 6.700 millones de euros.
La desinversión permitirá a Caixabank centrarse en el negocio bancario y desprenderse de una carga en su balance, ya que las inversiones en el inmobiliario, al igual que las participaciones industriales, suponen un importante consumo de capital para las entidades financieras. La compañía estima que la desconsolidación del negocio inmobiliario tendrá un impacto neutro en resultados y positivo, de 30 puntos básicos, en el ratio de capital CET 1 "fully loaded", la medida más exigente de solvencia en el sector.
Gonzalo Gortázar, consejero delegado de CaixaBank, ha afirmado que la operación permite "adelantar varios años" los objetivos estratégicos del banco que preveían una reducción de activos improductivos y situará al grupo como "uno de los bancos con el balance más saneado del mercado español".
El banco calcula que con la operación ahorrará en costes 550 millones de euros antes de impuestos durante los tres años siguientes. Como parte de la operación, Servihabitat seguirá prestando el "servicing" a los activos inmobiliarios de Caixabank durante un periodo de 5 años.