Pablo de Amil, responsable de sistemas de gestión censal y requerimientos en el Departamento de Informática Tributaria de la Agencia Tributaria, nos contó en Empleo Público cómo una afición temprana, con el tiempo, se transformó en una sólida vocación de servicio público.
Desde el principio, Pablo reconoce que creció en un entorno que alimentó su curiosidad. Recuerda con cariño su infancia en Santa Eugenia, “esa vida de barrio, de las tiendas, de conocernos todos, porque al final era como si fuera un pueblo”. Allí, entre amigos que aún conserva, empezó a hacerse preguntas sobre cómo funcionaban las cosas.
El origen: un electricista, un 486 y muchas preguntas
Su padre, electricista, fue clave en esa mirada inquieta hacia la tecnología. “Mi padre siempre me enseñó la importancia de preguntarte el porqué de lo que hay detrás de aquello que utilizas diariamente”, explica. Esa semilla germinó cuando llegó a casa su primer ordenador, un 486 DX2 a 66 MHz. “Para mí me abrió un mundo de posibilidades enormes”, recuerda.
Aquel ordenador lo estropeó a los pocos días, pero su padre no lo regañó: “No hay ningún problema, intenta arreglarlo; si no eres capaz, lo llevaremos a la tienda”. Ese gesto marcó un estilo: aprender haciendo, equivocándose, volviendo a intentarlo.
Del sueño de ser astronauta a la ingeniería informática
Como muchos niños, quiso ser astronauta. “Siempre me alucinó el mundo del espacio, el universo, el qué somos, de dónde venimos, a dónde vamos”. Pero la informática terminó imponiéndose. Eligió ingeniería informática, aunque confiesa que “la ingeniería industrial es una espinita que tengo clavada”.
Durante los veranos trabajó como ayudante de electricista. Aquello le enseñó el valor del esfuerzo: “Volvía encantado, cansado, pero porque todos los días aprendía algo”.
La consultoría, el punto de inflexión y el salto a lo público
Su carrera profesional comenzó en la consultoría, en plena explosión de las puntocom. Pero algo no terminaba de encajar. “Había mucho trabajo, pero tenía ciertas limitaciones y carencias”, recuerda. Fue entonces cuando decidió opositar.
Pablo de Amil: "Una persona a la que le gusta la tecnología encuentra su sitio en la Administración sin ningún problema”
Lo hizo por partida doble: primero al Cuerpo de Gestión de Sistemas e Informática (A2) y después al Cuerpo Superior TIC (A1). De aquella etapa conserva una mezcla de tensión y satisfacción: “Todos los días me iba a casa habiendo aprendido algo nuevo”.
La etapa en la Administración Digital: innovación y proyectos de Estado
Su paso por la entonces Dirección General de Modernización (hoy Agencia Estatal de Administración Digital) fue especialmente enriquecedor. Allí trabajó en proyectos como la traducción automática y, sobre todo, la facturación electrónica. “Para mí, mi niña bonita siempre fue la facturación electrónica”, afirma. No solo por la tecnología, sino por su impacto: “Lo considerábamos un proyecto de Estado y sinceramente, viendo lo que ha ido después, sí que lo era”.
La Agencia Tributaria: un ecosistema técnico de alto nivel
Desde hace cinco años trabaja en el Departamento de Informática Tributaria. Un entorno que describe con admiración: “La Agencia Tributaria tiene un departamento muy bueno, con muy buenos profesionales, que han diseñado un modelo que funciona realmente bien”. Un modelo basado en “escalabilidad, seguridad y disponibilidad”, donde cada pieza del sistema es crítica.
La riqueza de la Administración: diversidad, movilidad y propósito
Pablo desmonta un mito habitual: que en la Administración se hace siempre lo mismo. “La gente ve un funcionario y se imagina a esa persona que está en ventanilla, pero detrás hay muchos más”. Y añade: “Una persona a la que le gusta la tecnología encuentra su sitio en la Administración sin ningún problema”.
Consejos para opositores: información, constancia y perspectiva
A quienes se plantean opositar les recomienda informarse bien: “Hoy en día hay multitud de vídeos y foros donde hay información de compañeros”. Y a quienes ya están en ello, les lanza un mensaje de ánimo: “Que sigan esforzándose; todos hemos pasado por ahí, pero se sobrevive perfectamente”.
Y concluye con una frase que resume su experiencia:“Ningún día de mi vida, desde que aprobé la oposición, me he arrepentido de haber opositado”.