Los ciberriesgos han evolucionado de ser considerados únicamente problemas técnicos a convertirse en amenazas estratégicas que requieren la atención directa de los consejos de administración. Esta transformación marca un cambio fundamental en cómo las empresas abordan la ciberseguridad en un entorno cada vez más digitalizado.
"Cuando antiguamente se hablaba de ataques cibernéticos se pensaba que era un ataque técnico a una empresa, a una organización, pero esto ha migrado a ser realmente un impacto de negocio, una paralización de la actividad", explica Karen Velandia, directora de Cyber en Aon España.
Con Karen Velandia, directora de Cyber en Aon España.
Los ciberataques actuales trascienden las barreras tecnológicas y afectan directamente la operatividad empresarial. "Lo que vemos es que ahora ya no solo es el dejar de atender a los clientes, dejar de producir, tener un impacto también en toda la cadena de suministro de proveedores. Un ataque cibernético llega mucho más allá y afecta a todas las partes de la empresa", detalla la experta.
Impacto reputacional y financiero inmediato
Las consecuencias de un ciberataque se extienden más allá del momento del incidente. En sectores como el retail, el daño reputacional puede ser devastador. "El daño reputacional es inmenso, no solo con consecuencias inmediatas de clientes que dejan de ir a comprar directamente los productos, sino también unas consecuencias futuras, un impacto de clientes que ya no quieren hacer contratos con esa empresa o que están en negociaciones de proyectos y ya no quieren abordarlos", señala Velandia.
Este impacto se traduce directamente en la cuenta de resultados, generando pérdidas tanto inmediatas como a largo plazo que comprometen la estabilidad financiera de las organizaciones.