Se utilizan para la fabricación de tecnología, desde misiles a drones pasando por las turbinas eólicas, motores de coches o la electrónica de consumo. La creciente demanda de los productos electrónicos y de la energía limpia ha disparado el precio de algunos de estos metales.
Se estima que China copa más del 90% de la producción de las tierras raras de todo el mundo y también es su principal consumidor. Mucho más atrás se encontrarían otros países productores como Rusia o India, con cifras inferiores al 5%. Esto hace que los sectores industriales de otras regiones tengan una dependencia casi total de las tierras raras del país asiático. Es el caso de Europa y también de España, donde quizá estos minerales se hayan conocido más por la polémica de la mina de Ciudad Real. En 2017 se puso fin a uno de los proyectos que quería realizar la empresa Quantum para extraer monacita del Campo de Montiel, tras la denegación definitiva por el ataque a la biodiversidad de la zona que suponía el plan.
Estados Unidos es el tercer mayor consumidor de tierras raras, pero sus reservas están a unos niveles muy alejados del porcentaje chino, a pesar de que hace décadas sí era el principal productor gracias a California. La creciente competencia china, con bajadas de precio incluidas, y las críticas a la seguridad medioambiental llevaron al cierre de Mountain Pass.
Esta competencia llevó a Pekín a los tribunales y la Organización Mundial del Comercio declaró ilegales las restricciones a la exportación que aplicaba China a estos metales y otras materias primas. China argumentaba que sus restricciones formaban parte de su política de conservación pero la OMC, a la que está adscrita, falló que esta política no es posible si no se restringía la producción y el consumo nacional al mismo tiempo.
Ahora que Pekín se ha propuesto luchar contra la contaminación y estrechar el control sobre su industria y la producción, los precios de las tierras raras podrían subir al calor del crecimiento de la demanda y también del cierre de algunas minas ilegales. Pero el gobierno de Xi Jinping, que tiene como objetivo el liderazgo mundial, no parece dispuesto a dejar pasar la oportunidad de dominar este mercado. Ejemplo de ello es su enorme apoyo gubernamental a los coches eléctricos, que hizo que China se convirtiera en 2015 en el mayor mercado mundial de estos vehículos cuyos motores utilizan las tierras raras.