Con motivo del Día Mundial de las Ciudades, Julia Landaburu, arquitecta y urbanista especializada en sostenibilidad urbana en Arup, ha analizado los principales retos que afrontan las ciudades en su proceso de crecimiento y transformación hacia modelos más sostenibles.
¿Cómo van a ser las ciudades del futuro? ¿Integrarán la sostenibilidad en sus planes? Hablamos sobre ello con Julia Landaburu, arquitecta y urbanista especializada en sostenibilidad urbana en Arup
Landaburu destaca una distinción fundamental que a menudo se pasa por alto: "Una ciudad puede crecer en población, puede crecer físicamente en el territorio que ocupa, puede consumir más o menos recursos, pero realmente es importante distinguir que son tres cosas distintas". La experta señala que durante mucho tiempo el modelo ha sido muy lineal: más habitantes significaban más suelo y más infraestructuras de agua y otros servicios. Sin embargo, el objetivo actual es "desacoplar esto, que no crezcan proporcionalmente".
La arquitecta subraya que no existe "una varita mágica" para resolver este desafío, pero apunta que "mucho también pasa por regenerar y rehabilitar lo que ya tenemos que nos sirva para más tiempo, que nos sirva mejor, que rehabilitemos energéticamente nuestros barrios, que reutilicemos edificios que existen y no necesitemos construir más". Esto no significa, aclara, que no haya que construir, pero cuando sea necesario crecer, "es importante volver la mirada hacia los modelos urbanos más compactos, que son los que aprovechan mejor el suelo, las infraestructuras y permiten introducir sistemas más novedosos también de energía y agua como las de distrito". En definitiva, se trata de "aprovechar mejor lo que ya tenemos y cuando haya que crecer, si es que hay que crecer, pues intentar hacerlo mejor".
¿Es posible que las ciudades crezcan sin deteriorar la calidad de vida de sus habitantes?
Para Landaburu, crecimiento y calidad de vida no son conceptos incompatibles, sino que "van bastante de la mano porque al final una ciudad va a prosperar cuando ofrece oportunidades, ofrece actividad económica. Pero es que esas oportunidades también las crean las personas". La experta explica que si una ciudad resulta atractiva por sus oportunidades laborales, pero a la gente le resulta muy difícil vivir allí por problemas de vivienda o porque no tiene una calidad de vida óptima, "pues al final las oportunidades desaparecen también".
El reto, según la urbanista, está en "conseguir el equilibrio". Existen ejemplos claros de ciudades muy pequeñas donde hay una calidad de vida estupenda pero la gente se marcha porque faltan oportunidades, o al revés, ciudades grandes donde los entornos pueden ser hostiles. "Justo en conjugar ambas cosas es donde está la clave", afirma Landaburu, quien añade que lo ideal es tener los servicios necesarios "cerca o bien conectadas" y medir también la calidad de vida "con el tiempo, que tardemos poco tiempo en llegar a los sitios, en llevar a los niños al colegio, en ir al médico".
