El multimillonario Bill Ackman quiere hacerse con la mayor discográfica del mundo: Universal Music Group (UMG) que cuenta como artistas de la talla de Bad Bunny, Lady Gaga, Tailor Swift y Coldplay, entre otros.
El inversor ve en la empresa un modelo de negocio excepcional basado en la generación de ingresos recurrentes y resistentes a la inflación. La compañía funciona como un "canon" global sobre el consumo de música: cada vez que alguien reproduce un tema en plataformas como Spotify o TikTok, UMG recibe una regalía. Para Ackman, este flujo de caja constante, sumado a la propiedad de catálogos irreemplazables, convierte a la empresa en un activo estratégico de propiedad intelectual con un potencial de crecimiento masivo gracias a la inteligencia artificial y las redes sociales.
Para ello propone una operación a través de su gestora Pershing Square Capital Management. Los accionistas de UMG recibirían 9.400 millones de euros en efectivo o 5,05 euros por acción, más 0,77 acciones de la nueva compañía por cada título que posean de Universal Music. La firma fusionará UMG con Pershing Square SPARC Holdings, una empresa de adquisiciones registrada ante la SEC (Securities and Exchange Commission)
Pershing Square estima que la oferta tiene un valor de 30,40 euros por acción y esa cifra representa una prima de un 78% respecto al precio de cierre de UMG el pasado jueves. Una prima muy significativa como señala Carlos Pellicer, analista de Bankinter:
De Amsterdam a Nueva York
Las acciones de UMG han abierto este martes, tras conocerse la propuesta, con subida de más de un 28% y después se han moderado hasta el 12%.
Hasta la semana pasada, la compañía había bajado un 26% en los últimos 12 meses y su valoración rondaba los 31.000 millones de euros al cierre del jueves. Ante esta pérdida de valor, Ackman propone una reestructuración en la discográfica. El inversor activista cree que el valor de Universal Music está "atrapado" en Europa y quiere trasladar la cotización a la Bolsa de Nueva York donde espera que el mercado americano aplique múltiplos de valoración mucho más altos, similares a los de las grandes tecnológicas.
En una carta enviada al consejo de administración de UMG, Ackman afirma que el precio de la acción se ha visto afectado por una mala organización y una deficiente comunicación con los inversores y no por el mal rendimiento de su negocio musical con lo que, a su juicio, con esta operación los problemas se solucionarían.
Ackman también asegura que las acciones están en declive debido a la incertidumbre sobre qué hará el multimillonario francés Vincent Bolloré con su participación. Es el mayor accionista de UMG con una participación del 18,5%. El grupo Vivendi, también controlado por su familia, posee otro 10%.
De momento, no se han pronunciado sobre la oferta. Los analistas señalan que sin el visto bueno de Bolloré, la operación no fructificará.