El año 2026 se perfila como un ejercicio histórico para las salidas a bolsa en el sector de la inteligencia artificial y la tecnología en general. Varias de las mayores empresas privadas del mundo planean su debut en el parqué, abriendo la puerta a que los particulares puedan acceder a algunas de las compañías privadas más valiosas del planeta.
Compañías de inteligencia artificial, de software de diseño digital e incluso neobancos han anunciado su intención de cotizar. Entre los nombres más destacados se encuentran SpaceX, OpenAI y Anthropic, todas preparando su salto al mercado público.
¿Cómo separar el trigo de la paja en las futuras IPOs? Javier Desantes, CEO de la fintech española Akka lo explica Mercado Abierto:
Hoy vemos las 5 IPOs que marcarán el año 2026. ¿Cuáles hay que evitar? Lo vemos de la mano de Javier Desantes, CEO de la fintech española Akka
Según Javier Desantes, "hay mucho ruido alrededor de las futuras salidas a bolsa, pero hay que entender que no todas las compañías están en el mismo punto de madurez". Desantes señala que empresas como Revolut, que forma parte del portfolio de su compañía, ya ha comunicado que no contempla una salida a bolsa antes del 2028, priorizando expansión y consolidación operativa y regulatoria.
"Las startups que empiezan se valoran por lo que son capaces de hacer y la bolsa te pone en tu sitio cuando tú ya luego publicas las cuentas", explica Desantes. "La bolsa corrige operativa pausada y el mercado no cotizado sobre todo lo que mide al final son futuribles".
¿A qué prestar atención una vez se produce la salida a bolsa?
Desanates enumera cinco factores: primero, la sobrevaloración en privado. "Muchas compañías captan capital con expectativas muy elevadas, pero una vez luego se ajusta el precio con muchísima más rapidez". Segundo, el timing. El momentum es crucial. Lyft, competidora de Uber en Estados Unidos, salió a bolsa justo cuando el mercado empezó a penalizar compañías tecnológicas con mucho crecimiento pero muy poca rentabilidad. Tercero, la presión regulatoria. Robin Hood, que había crecido de forma explosiva, se enfrentó a dudas sobre su modelo, presión regulatoria y problemas reputacionales que afectaron significativamente su cotización.
En cuarto lugar destacaría la competencia. Blue Apron parecía dominar totalmente su sector, pero el mercado entendió rápidamente que había muy pocas barreras de entrada y que los márgenes eran paupérrimos. Y por último, la capacidad de convertir crecimiento en negocio sostenible. "Crecer rápido genera atención, pero mantener profit, es decir, mantener rentabilidad y liderazgo durante años es otra historia completamente", advierte Desantes.
