La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en una factura multimillonaria que hoy Alphabet demuestra que está más que dispuesto a pagar.
La matriz de Google ha presentado anoche sus resultados y las cifras son, sencillamente, vertiginosas. Por primera vez en su historia, la compañía ha roto la barrera de los 400.000 millones de dólares en ingresos anuales. Solo en el último trimestre, ha facturado casi 114.000 millones, superando con creces lo que esperaba Wall Street.
El verdadero protagonista es Google Cloud, su nube. Con un crecimiento explosivo del 48%, la división en la nube ya no es el hermano pequeño de la publicidad; es el motor que está monetizando la inteligencia artificial, con una cartera de pedidos que se ha duplicado en un solo año hasta los 240.000 millones.
La madre de todas las inversiones: a por el control absoluto de la IA
Sin embargo, hay una cifra que ha dejado a los analistas conteniendo el aliento: 180.000 millones de dólares. Ese es el gasto en infraestructura —el famoso CapEx— que Sundar Pichai, CEO de la compañía, planea para este 2026.
Es casi el doble que el año pasado porque Alphabet no solo está participando en la carrera de la IA; está intentando construir ella sola toda la pista de aterrizaje.
Alphabet busca "comprar" el mercado a base de potencia de cómputo. La gran pregunta ahora es: ¿cuándo se traducirá este gasto récord en márgenes aún más amplios o si, por el contrario, la cartera de Google se está abriendo más rápido que la paciencia del mercado?
De momento, Gemini 3 ya está en la calle y Alphabet tiene la caja llena. Porque como llevamos viendo los últimos días con el resto de tecnológicas, en esta era de la IA, el que no arriesga, no domina.