La locura continúa en el precio del petróleo: en apenas 24 horas, entre la madrugada del domingo al lunes y la madrugada del lunes al martes, su precio ha oscilado en 30 dólares. Es decir, ha pasado de subir a cerca de 120 dólares a bajar a la zona de 90 dólares el barril. Detrás de estos bandazos las declaraciones del G7 (dispuesto a liberar reservas estratégicas de petróleo) y Trump (asegurando que la guerra con Irán va a acabar pronto). El punto de alarma sigue siendo el Estrecho de Ormuz, donde en la práctica se ha suspendido el tránsito de materias primas como petróleo y gas.
El "mayor riesgo" de la guerra en Irán para los inversores
Al respecto, el CEO de la mayor empresa petrolera del mundo, Aramco, ha lanzado este martes una advertencia: tendría consecuencias catastróficas para los mercados petroleros mundiales cuanto más duradera sea la disrupción y más drásticas sean las consecuencias para la economía mundial.
En los últimos días se han encadenado los temores sobre las consecuencias económicas de la guerra con Irán, si ésta se alarga: que la subida de los precios de la energía provoque un episodio de hiperinflación, que una eventual escalada de precios obligue a los bancos centrales a subir tipos y que se ralentice el consumo, y que asistamos a problemas en la cadena de suministro.
De hecho estos asuntos se analizarán este martes por los ministros de Energía del G7 mientras el mercado no descarta que Trump elimine de manera temporal sanciones a países como Rusia, para relajar el mercado de aprovisionamiento de petróleo.
El consejero delegado de la compañía saudí reconoce que la interrupción del comercio por Ormuz ha provocado una grave reacción en cadena no solo en el transporte marítimo y los seguros, sino también en la aviación, la agricultura, la automoción y otras industrias.
Los principales países de la OPEP (Arabia Saudí, Irak, Irán, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos) han reducido drásticamente la producción de crudo ante la imposibilidad de transportarlo por Ormuz.