Donald Trump ha prometido un “dividendo Trump” de 5.000 dólares para cada adulto estadounidense si los republicanos mantienen el control de ambas cámaras del Congreso tras las elecciones de noviembre, con un coste de unos 1,2 billones de dólares. Trump no ha explicado cómo financiaría el programa. Aquí te explicamos sus efectos:
¿Puede realmente el presidente pagar 5.000 dólares a cada estadounidense? Y, si lo hace, ¿cuáles pueden ser sus efectos?
Sin nuevos ingresos, recortes de gasto o mayores impuestos, tendría que recurrir probablemente a más deuda. En todo caso, esto no es algo nuevo, Trump ya aprobó dos rondas de pagos directos durante la pandemia, una de 1.200 dólares por producto y otra de unos 600 dólares, y después Biden dio luz verde a una tercera ronda de 1.400 dólares.
Esos cheques de estímulo contribuyeron, según muchos analistas, al repunte de la inflación, con unos efectos que todavía persisten.
Y en este mandato, no es la primera vez que Trump habla de entregar dinero directamente a los estadounidenses. La iniciativa del Departamento de Eficiencia Gubernamental (el famoso DOGE) —entonces bajo la dirección de Elon Musk— anunció un reparto de fondos destinado a más de 79 millones de familias, propuesta que finalmente nunca se concretó.
Además, a comienzos de este año y en pleno auge de las tensiones comerciales por los aranceles, el presidente sugirió emitir pagos de 2.000 dólares para las rentas medias y bajas, una medida que tampoco ha llegado a implementarse.
Al mismo tiempo, los consumidores estadounidenses han pagado 100.000 millones de dólares adicionales por gasolina y diésel en los seis meses transcurridos desde que comenzó la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero.
Así lo recoge un estudio del Instituto Watson de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Brown. En todo el país, el costo adicional asciende a unos 763 dólares por hogar.
Efecto en la inflación
Hay que tener en cuenta que Trump no puede aprobar los pagos por sí solo: necesitaría la autorización del Congreso. Incluso con mayoría republicana, la elevada deuda pública y otras prioridades presupuestarias dificultarían su aprobación.
Si se aplicara, el dividendo podría tener un impacto inflacionario significativo, al estimular el consumo. Esta preocupación se suma a ese aumento de precios provocado por la guerra en Irán y los aranceles, especialmente en la gasolina y el diésel.
Y esto se suma a que la deuda de Estados Unidos se encuentra en máximos históricos absolutos tras superar en agosto por primera vez en la historia la barrera psicológica de los 40 billones de dólares.
Mientras, el Departamento del Tesoro ha anunciado la recompra de 6.000 millones de dólares de deuda pública a largo plazo dentro de su plan ampliado para mantener estable el mercado de bonos, pero no parece haber convencido al mercado.
