En un contexto de cambios políticos significativos en varios países latinoamericanos y en medio de la visita del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio a Colombia, Ecuador y Perú, la región atraviesa un momento de renovado interés por parte de Washington.

Este giro estratégico se enmarca en los esfuerzos de Estados Unidos por recomponer alianzas y tejer nuevos intereses en el sur del continente americano.

Fernando Marengo, economista jefe de BlackTORO, ofrece un análisis exhaustivo de la situación económica latinoamericana bajo este nuevo prisma geopolítico:

Según Marengo, para entender cualquier región del mundo es necesario analizar tres variables fundamentales: cómo le van a los socios comerciales, qué ocurre con los términos de intercambio y los movimientos de capitales.

Un contexto favorable para la región

Al evaluar estas tres variables para América Latina, Marengo señala que la región se encuentra en un buen momento. El mundo, a pesar de la guerra en Irán, continúa creciendo, aunque con una tasa ligeramente desacelerada.

Los precios de los productos que produce América Latina —oro, plata, cobre, litio, productos agropecuarios, carne, petróleo y gas— están al alza. Además, un mundo que demanda cobre, litio y alimentos beneficia directamente a la región.

El tercer factor favorable es el proceso de diversificación de portafolios que enfrenta el mundo desde hace un par de años.

El retorno estratégico de Estados Unidos

Marengo destaca un cuarto punto crucial: a finales del año pasado, Estados Unidos publicó su estrategia de seguridad nacional, y después de casi 30 años en los cuales Washington se había olvidado de América Latina, este documento dedica cuatro páginas completas a hablar de la región.

"Estados Unidos necesita todas estas materias primas que produce América Latina y esta materia prima necesita que vengan de países amigos o aliados con la política norteamericana", explica el economista.

Esta nueva estrategia implica que el Estado americano y el gobierno están comenzando a tomar injerencia dentro de situaciones económicas y políticas en los países de América Latina.

El contexto global favorable se resume en un mundo que crece a un ritmo quizás menor pero sostenido, que demanda materias primas con precios al alza, con diversificación de portafolios que favorece a América Latina, más un Estados Unidos que después de 30 años vuelve a hacer de la región un foco de su seguridad nacional.

Colombia: el giro político y sus efectos económicos

Colombia ha sido la primera parada de Marco Rubio en su gira por la región. El país intenta sobreponerse a un reciente terremoto mientras su nuevo presidente cumple ya un mes en el cargo.

Desde el punto de vista financiero, Colombia ha sido este año el país de América Latina que más comprimió el riesgo país, el que más cayó los tipos o más subió el precio de su deuda, al mismo tiempo que fue la moneda que más se apreció respecto al dólar y la bolsa que más subió en la región.

Marengo explica que en las elecciones presidenciales de este año se esperaba que ganara el sucesor de Petro, pero para sorpresa de todo el mundo, incluyendo gran parte de Colombia, perdió.

El nuevo presidente, más promercado, generó esta compresión del riesgo país, la baja de tasas de interés, la suba del precio de las acciones y la apreciación de la moneda local. Con esta compresión del riesgo país y la apreciación de la moneda, a Colombia le resultaría mucho más fácil encarar parte de los desafíos que tiene por delante.

Entre estos desafíos, Colombia siempre tiene una situación de desequilibrio fiscal. Como país productor de materias primas y alineándose con la política de Estados Unidos, debería redundar en tasas de crecimiento más elevadas.

Argentina: el desafío del cambio de matriz productiva

En Argentina, la reciente decisión del presidente Milei de subir el salario mínimo a 219 euros al mes —por debajo del umbral de la pobreza y menos de lo que pedían los propios empresarios— ha generado debate. Esta decisión se toma cuando se cumplen mil días desde que asumiera como presidente, equivalentes a 33 meses al frente del Ejecutivo argentino.

Según Marengo, el desafío que enfrenta Argentina es un cambio en su matriz productiva. El país viene de décadas de un modelo sustitutivo de importaciones donde no se especializó en producir aquellos bienes en los cuales tiene ventaja comparativa, sino que por temas políticos se decidió producir todo tipo de bienes a pesar de no ser eficientes en esa producción.

El actual gobierno, entendiendo que hay recursos escasos para fines alternativos, hizo un viraje del modelo sustitutivo de importaciones a uno que busca insertar a Argentina en el mundo.

Este cambio tiene un desafío importante: sectores que durante los últimos 20 años tuvieron una actividad relativamente moderada pero con rentabilidades muy elevadas empezaron a ver caer de manera estrepitosa sus rentabilidades, mientras aparecen nuevos sectores que lideran el crecimiento y en los cuales Argentina es productiva.

Desde el punto de vista macroeconómico, el gobierno logró desde mediados de 2024 hasta ahora bajar la tasa de inflación de casi el 300% interanual a algo cercano al 30%, con un banco central que compra reservas en el mercado de cambio, con una actividad económica en un nivel elevado y un consumo también elevado.

Sin embargo, la palabra que caracteriza hoy la economía argentina es "heterogénea": sectores que crecen, sectores que caen, y en el agregado, la economía creciendo, pero claramente con un desafío de cómo manejar esta transición.