El Tesoro Público español ha vuelto a marcar una demanda récord con una deuda sindicada a 20 años en formato verde. Concretamente, la demanda inicial ha superado los 82.000 millones de euros para una emisión prevista de 4.000 millones.

El caso español es un claro ejemplo de que todavía hay mucho apetito por la deuda pública. Sin embargo, detrás de esta demanda se esconde un problema mucho más amplio: financiar la deuda cada vez resulta más caro para los Estados. La factura de los intereses de la deuda del sector público ha alcanzado los dos billones de dólares en los países de la OCDE, y hay que tener cuidado.

Países como Reino Unido, Francia y Estados Unidos gastan más dinero en los intereses de la deuda pública que en defensa. Una tendencia que no parece que vaya a cambiar en el medio plazo, ya que los costes de endeudamiento han alcanzado su nivel más alto en casi dos décadas. Se espera que este año los países de la OCDE se endeuden por un total de 18 billones de dólares, otro máximo histórico.

Los inversores globales ya están empezando a preocuparse por esta cuestión… Este verano hemos visto una oleada de ventas en los mercados globales de bonos, que ha acentuado el repunte de los rendimientos posterior a la pandemia. Y es que el rendimiento medio de los bonos de referencia a 10 años de los países del G7 ha alcanzado el 4% por primera vez desde 2008.

Con esto sobre la mesa, para las grandes economías endeudadas con bajo crecimiento –como Reino Unido y Francia- el coste de los intereses de la deuda está reduciendo el margen de maniobra de sus gobiernos y obligándoles a replantearse la gestión de las finanzas públicas.

Además, una de las mayores preocupaciones de los inversores es que algunos países se estén acercando a un círculo vicioso en el que el aumento de los costes de la deuda empeora las perspectivas fiscales. A menos que una bajada de los tipos de interés o un fuerte crecimiento económico rescaten las finanzas públicas, las únicas alternativas son aumentar la recaudación fiscal o recortar el gasto.

¿Cómo pueden escapar los países de la deuda?

Una opción sería la llamada represión financiera, es decir, medidas que obligan a las instituciones nacionales a comprar más deuda pública para impulsar la demanda y reducir los rendimientos.

Otra vía sería aumentar la productividad mediante la inteligencia artificial. Un fuerte incremento de la productividad podría elevar el crecimiento potencial y facilitar la reducción de la deuda sobre el PIB, aunque sus efectos tardarían años en materializarse.

Con todo esto sobre la mesa podemos decir que el problema no es encontrar compradores para la deuda, el problema es cuánto va a costar seguir encontrándolos.