Daniel Lacalle, doctor en Economía, profesor y gestor de fondos de inversión, analiza el impacto de las protestas en Francia y advierte sobre el riesgo de contagio a países vecinos como España, Italia y Portugal. El economista señala que las manifestaciones no son espontáneas, sino que están coordinadas por una red internacional financiada con dinero público durante años a través de ONGs y distintos grupos cuyo objetivo es la destrucción institucional.
El economista analiza las protestas francesas y alerta sobre el riesgo de contagio en Europa por un modelo económico que tacha de "insostenible".
Lacalle explica que si la preocupación fuese realmente la educación o los altos costes de la vida, los manifestantes estarían pidiendo menor intervención estatal, menores impuestos y más competencia. Sin embargo, lo que se observa es un asalto y una guerra de guerrillas con el objetivo de demoler las instituciones y destruir la democracia.
El economista identifica el problema fundamental de Europa: un modelo económico insostenible basado en disparar el gasto público constantemente. Este modelo promete muchos derechos pero ninguna responsabilidad, aumentando constantemente la cantidad de dinero y la deuda, lo que empeora el coste de la vida y relega a los ciudadanos a ser una subclase dependiente.
Francia tiene el Estado más grande de toda la OCDE
Y lo es gracias a que cuenta con el gasto público y los impuestos más altos. Este modelo ha entregado a la ciudadanía estancamiento, alta deuda, un problema fiscal brutal, un desastre en productividad y un grave problema de inmigración social.
Lacalle advierte que aproximadamente ocho países de la Unión Europea ya tienen protestas con un patrón copiado, siguiendo estrategias diseñadas en los años 60 por grupos trotskistas y marxistas. El economista considera que lo que está ocurriendo en Francia es un aperitivo de algo mucho peor, y que el problema no se puede solventar con programas del Banco Central Europeo ni con planes adicionales de crecimiento.
Sobre España, Lacalle se muestra moderadamente optimista con un seis sobre diez, condicionado a que cambien las políticas actuales para revertir problemas como la vivienda, la inflación más alta que Estados Unidos y la eurozona, y el estancamiento del crecimiento per cápita y la productividad.
