Dicen que el destino es caprichoso, y el fútbol, una vez más, lo ha demostrado más que nunca. España y Argentina se vieron las caras este domingo 19 de julio en la final de la Copa del Mundo en un partido repleto de goles (anulados incluidos), prórroga, nervios, tarjetas, polémicas arbitrales y hasta expulsión. No faltó de nada en el último partido de la competición, que terminó por coronar a 'La Roja' como campeona del mundo por segunda vez en su historia tras un gol inesperado, pero más que merecido, del futbolista culé, Ferrán Torres.
La ansiada Finalissima que iba a medir a los vigentes reyes de Europa y Latinoamérica y que jamás pudieron disputar, no se ha perdido en el olvido, simplemente estaba esperando un escenario mayor. Aquella cita con el destino estaba fijada para el 27 de marzo en el césped de Lusail, pero Qatar se quedó con las ganas de ver rodar el balón.
La delicada situación geopolítica en Oriente obligó a activar el protocolo de emergencia y cambiar el tablero. Sin embargo, lo que la guerra no pudo destruir, lo destruyó la burocracia. La postura inquebrantable de la Albiceleste durante las negociaciones para encontrar un nuevo escenario terminó por sepultar, de forma definitiva, el partido que el mundo entero se quedó esperando.
Ya estaba escrito...España debía ser campeona
Pero, meses después, la creme de la creme del deporte rey tuvo ante sí una nueva oportunidad de bordarse además una estrella que quedará eterna en la camiseta. Un escenario dorado que, a los más nostálgicos, nos obligó a viajar en el tiempo y revivir la magia pura de aquella inolvidable final de 2010.
Y es que con los pelos de punta y varias coincidencias que se daban de aquella edición, había razones de sobra que invitaban al optimismo. Nuevamente hemos vuelto a pinchar en el primer partido, aunque esta vez con empate, eso sí. Hemos disputado la fase inicial en el grupo H, otra vez, y Shakira ha vuelto a ser la voz oficial de la competición, otra vez. Una Shakira que más que una simple arista, parece haberse convertido ya en el amuleto de la Selección.
Y es que la coincidencia invita a mirar atrás....porque, seamos sinceros...¿Recordamos a esa España de 2010? Pues cuando Iniesta convirtió ese pase de Cesc en el gol más importante de la historia del fútbol español, el IBEX 35 navegaba alrededor de los 10.000 puntos tras haber llegado a rozar los 16.000 antes de la crisis financiera y sufrir un severo ajuste. Ahora, el selectivo español supera los 19.000.
Manuel Pinto, de XTB España, explica que los países que ganan el mundial ven un impulso en sus índices bursátiles, pero no fue así en el caso de España. Eran momentos difíciles, económicamente hablando, para una España que convivía con una prima de riesgo creciente y un paro superior al 20% con 4,6 millones de parados, la principal preocupación de los españoles y la del entonces presidente, José Luis Rodríguez Zapatero.
Dieciséis años después el PIB español se sitúa en torno a los 2,09 billones de dólares y el Fondo Monetario Internacional mantiene que España crecerá el 2,1% este año, más del doble que la eurozona. Porque la situación europea en 2010 era delicada, sí, pero ahora las cosas han dado un importante giro y España sí parte de una buena situación para aprovechar esta victoria.
Para hacernos una idea de lo mucho que ha crecido la macro en España hace falta viajar en el tiempo a ese 2010, cuando el PIB apenas lograba arañar los 1,07 billones.
¿Cuánto ha cambiado España "económicamente" desde 2010?
La gasolina, eso sí, no era un quebradero de cabeza como ahora. Y es que mientras que en pleno 2026 la vemos a 1,45 el litro, en aquel año nostálgico los precios rondaban los 1,15 euros. Los cafés también costaban poco más de un euro o ni eso, y llenar el carro de la compra parecía un ejercicio mucho menos exigente que hoy.
El salario mínimo apenas superaba los 630 euros al mes y comprar una vivienda todavía era una aspiración al alcance de muchas más familias que en la actualidad.
Dieciséis años después, el escenario económico es otro. La economía española ha duplicado prácticamente el salario mínimo, el empleo marca máximos históricos, el turismo bate récords año tras año y las empresas españolas cotizadas presentan una dimensión internacional muy superior.
Pero también convivimos con una inflación acumulada que ha cambiado la percepción del dinero: el café se acerca con facilidad a los dos euros, la cesta de la compra pesa bastante más en el bolsillo y acceder a una vivienda se ha convertido en uno de los grandes desafíos de toda una generación.
Si el Mundial fuese un mercado financiero, España habría jugado un largo partido de prórroga desde 2010. Ha sobrevivido a una crisis de deuda soberana, una pandemia, un shock energético y un ciclo inflacionista sin precedentes recientes.
Como un equipo que encaja un gol temprano, pero que termina encontrando su mejor versión, la economía española llega a 2026 con más músculo, aunque también con nuevos rivales por delante: la productividad, la vivienda y el envejecimiento demográfico.
Dos estrellas, dos Españas
Este domingo, mientras once de nuestros jugadores han logrado bordarse una segunda estrella en sus camisetas, millones de aficionados recordarán que hay victorias que se celebran con un gol en el minuto 116 y otras que se construyen durante años.
Dentro de unos años volveremos a mirar los gráficos para comprobar cómo evolucionó el IBEX, cuánto subieron los salarios o si, por fin, la vivienda dejó de ser el gran problema de España. Pero el fútbol tiene otra forma de medir el tiempo. No lo hace en puntos básicos ni en porcentajes, sino en estrellas.
La primera cambió para siempre la historia de una generación en 2010. Este domingo, dieciséis años después, España ha vuelto a tocar el cielo para demostrar que aquello no fue un milagro irrepetible, sino la semilla de una hegemonía. Que el lunes los economistas sigan hablando de indicadores; hoy, el resto ya estamos ocupados contando estrellas.
