El panorama económico global se encuentra en un momento de tensión creciente tras cumplirse un año de la toma de posesión de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. En las últimas horas, Trump ha amenazado a Francia con aranceles del 200% a su champán y bebidas espirituosas, elevando la tensión comercial a nivel mundial.
David Cano, director general de AFI Inversiones Globales, destaca dos inquietudes fundamentales sobre la actual situación económica.
El director general de AFI Inversiones Globales analiza los riesgos geopolíticos, las amenazas arancelarias de Trump y las oportunidades en un mercado que alcanza máximos históricos.
La primera es "en qué momento verdaderamente este deterioro del entorno geoestratégico va a impactar en las decisiones de consumo y de inversión", señala Cano, quien advierte que aunque actualmente los indicadores no muestran un impacto significativo, podría llegar un momento en que "familias o empresas decidan posponer decisiones de consumo y de inversión ante este deterioro del entorno geo".
Su segunda preocupación se centra en las posibles medidas arancelarias: "Que efectivamente, se tome algún tipo de medida, algún tipo de reacción, de contramedida que afecte de forma negativa sobre la economía". Aunque los aranceles impuestos hasta ahora han sido "por una magnitud inferior a la que nos temíamos", Cano alerta que "en algún momento puede llegar una medida que sí tenga ese impacto negativo sobre la economía mundial".
Europa frente a Estados Unidos: ¿existen herramientas de respuesta?
Ante las amenazas comerciales de Trump, surge la pregunta sobre la capacidad de Europa para responder. Cano explica que "Trump ha redefinido los procesos de negociación. Se dice que se ha olvidado del soft power y va hacia el hard power, y eso sucede cuando tú tienes una fuerza diferencial sobre el resto".
Sin embargo, el economista destaca que Estados Unidos tiene un punto de vulnerabilidad: "Estados Unidos tiene déficit en la balanza por cuenta corriente, es decir, necesita capitales financieros desde el exterior para financiar su economía".
Este podría ser un punto de presión para Europa, ya que "cualquier inversor institucional tiene en su cartera una parte muy importante de activos denominados en dólares" y podría considerarse "dejar de llevar nuestros flujos de inversión hacia Estados Unidos".
