Irán vive su mayor crisis política desde la Revolución Islámica de 1979, con protestas masivas que se extienden por todo el país en medio de una severa represión gubernamental. Según algunas ONGs, la respuesta del régimen ha dejado más de 16,000 detenidos y 2,000 muertos, cifras que algunos expertos consideran aún conservadoras.
Hablamos sobre la situación en el país y qué esperar a partir de ahora con Frédéric Mertens, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Europea.
Una crisis que trasciende lo económico
La última ola de manifestaciones comenzó el 28 de diciembre, inicialmente motivada por la fuerte depreciación del rial iraní. Lo que empezó como una protesta de comerciantes de productos electrónicos rápidamente se extendió por todo el país, evolucionando de un reclamo económico a un cuestionamiento político del régimen.
Frédéric Mertens, director del Departamento Jurídico y profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea de Valencia, explica que este fenómeno no es nuevo.
"En muchos países árabes, como en su momento en 2011, hubo inicio de manifestaciones y perturbaciones sociales debido al encarecimiento de productos o bienes de primera necesidad. Ahora en Irán está habiendo un desbordamiento del ámbito de las contestaciones, que era el tema económico, a una dimensión más política".
Juventud y globalización: combustible para el cambio
A diferencia de oleadas anteriores de protesta, el actual movimiento parece tener una fuerza sin precedentes. Mertens identifica dos factores clave detrás de estas manifestaciones.
"El origen es la juventud y la frustración frente a un sistema que no funciona en términos de progreso, un régimen que promete, que promete, que promete y no concreta nada. Y la influencia de la globalización, es decir, que ningún país, ni siquiera Corea del Norte, está ileso del impacto de la globalización".
Un elemento distintivo de la actual crisis es la respuesta del régimen. El corte prolongado de internet, nunca antes impuesto durante tanto tiempo, refleja el temor de las autoridades. Según Mertens, "la gran diferencia respecto al pasado es que el régimen está acorralado, acorralado desde el punto de vista económico, acorralado desde el punto de vista militar".
"La juventud quiere, o una gran parte de la juventud iraní quiere abandonar el Kharakan, esa jaula tradicionalista que limita el progreso individual y colectivo", señala Mertens, explicando por qué el régimen reacciona con creciente dureza.
El papel de Estados Unidos y las tensiones internacionales
El gobierno iraní acusa a Estados Unidos de instigar las protestas, y la administración estadounidense ha mostrado su apoyo a los manifestantes. El presidente de EE.UU. ha cancelado reuniones previstas con representantes iraníes y prometido ayuda a los protestantes.
Sobre las motivaciones estadounidenses, Mertens advierte: "La motivación es, a mi modo de ver, peligrosa, porque es una región muy inestable, pero obviamente Irán ha sido siempre, desde el año 79, el gran enemigo de Estados Unidos, con lo cual no es una mala noticia para Estados Unidos si el régimen cae".
La amenaza de imponer aranceles del 25% a países que comercian con Irán podría generar nuevas tensiones con China, principal socio comercial de Teherán. "El petróleo iraní es una de las fuentes energéticas para China, con lo cual una intervención estadounidense en Irán es, creo, arriesgado", analiza el experto.
¿El fin de la República Islámica?
A diferencia de protestas anteriores, Mertens considera que esta vez el régimen podría no sobrevivir: "Yo dudo mucho que el régimen pueda sostenerse por sí solo, porque la intensidad de la actuación de la población en las calles, evidentemente, las calles de las ciudades grandes y medianas de Irán... son los pulmones del régimen".
La represión ha alcanzado niveles sin precedentes. "Hay unos que afirman que estamos con 6,000 o incluso 12,000 muertos, es una barbaridad. Y esa barbaridad hace caer el régimen sin, necesariamente, un apoyo significante de Estados Unidos", señala Mertens.
Mientras tanto, los países occidentales observan con cautela, temerosos de repetir escenarios como los de Libia o Irak.
Como concluye Mertens: "Nadie tiene interés o ganas de encontrarse en una situación como la de Libia o como de Líbano o como la de Irak, donde hay un cierto caos, un estado de guerra civil latente o existente y donde, finalmente, hemos hecho caer regímenes sin haber construido reales democracias".
