Los planes de pensiones siguen siendo uno de los productos de ahorro más contratados en España. Así lo confirman los datos de la Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones (Inverco), que señalan que, al cierre del primer trimestre de 2026, había un total de 10,5 millones de planes de pensiones abiertos, con un total de ocho millones de partícipes. Cifras que muestran cómo este producto está presente en las decisiones de ahorro de los españoles. Ahora bien, tener un plan de pensiones no significa, necesariamente, que responda a las necesidades de quien lo contrató.

Detrás de muchos planes de pensiones abiertos hay personas, buena parte de ellas entre los 40 y los 60 años y con un patrimonio ya consolidado, que tomaron la decisión casi a final de año. En diciembre, cuando desde la oficina bancaria les proponían contratar un plan de pensiones como una forma de aprovechar la desgravación en la declaración de la renta por las aportaciones periódicas o puntuales realizadas. En ese momento, la decisión podía tener todo el sentido: permitía aprovechar la ventaja fiscal y cerrar el año con esa cuestión resuelta. El problema es que ahí terminaba el análisis. Nadie había calculado antes cuánto dinero necesitarían realmente para complementar la pensión pública y mantener, llegado el momento, el nivel de vida de cara a su jubilación.

El producto que te ofrecieron no siempre es el que necesitabas

Hay un sesgo de partida que conviene tener en cuenta. Cuando llega diciembre y es el banco quien pone sobre la mesa un plan de pensiones, la conversación suele centrarse en cuánto aportar para aprovechar la reducción de la base imponible general en el impuesto del IRPF. Y así, casi sin darse cuenta, se deja en segundo plano la pregunta realmente importante: ¿cuánto necesito ahorrar para complementar mi futura pensión y mantener el nivel de vida que quiero durante la jubilación? Años después, al revisar aquel plan, es fácil descubrir que cumplió con su cometido fiscal, pero no necesariamente con el objetivo de fondo: construir el ahorro necesario para cuando llegue el momento de jubilarse.

El peso de las comisiones en tu plan de pensiones

Los planes de pensiones, como cualquier producto de ahorro e inversión, tienen comisiones. En concreto, hay dos: la de gestión y la de depósito. Ambas están limitadas por ley. La primera depende del tipo de inversión y no puede superar el 0,85% anual en los planes de renta fija, el 1,3% en los mixtos y el 1,5% en el resto, incluidos los de renta variable, variable mixta y garantizados. A esto se suma la comisión de depósito, que tampoco puede superar el 0,20% anual sobre el patrimonio del fondo. Cada entidad bancaria puede establecer las que consideren oportunas dentro de esos límites máximos establecidos por la ley.

Las comisiones son uno de esos aspectos que suelen quedar en segundo plano al contratar un plan de pensiones en el banco. Sin embargo, por pequeño que parezca el porcentaje, su impacto se nota con los años, porque se descuenta directamente del patrimonio, gane o pierda dinero el plan. Basta con hacer números: si aportas 1.500 euros al año durante 20 años y obtienes una rentabilidad constante del 2%, acumularías unos 36.446 euros, frente a los 30.000 aportados. Pero con unas comisiones del 1,5% (sumando la de gestión y la de depósito) sobre el patrimonio, el capital final bajaría hasta unos 31.378 euros. Es decir, alrededor de 5.068 euros se habrían ido en comisiones.

La otra cara de la ventaja fiscal de tu plan de pensiones

La ventaja fiscal es uno de los grandes atractivos de los planes de pensiones. Las aportaciones, sean periódicas o puntuales, permiten reducir la base imponible del IRPF y obtener un ahorro fiscal. Pero quedarse ahí es mirar solo una parte del asunto. También conviene pensar en cómo se recuperará ese dinero, porque, al rescatar el plan, las cantidades percibidas tributan como rendimientos del trabajo, tanto si se cobran en forma de capital, en forma de renta o mediante una fórmula mixta. En otras palabras, el beneficio fiscal que se consigue al aportar debe valorarse junto con los impuestos que habrá que pagar cuando llegue el momento de rescatarlo.

Lo que sí ordena una estrategia de jubilación

Una estrategia de jubilación no consiste únicamente en tener un plan de pensiones, sino en saber si el ahorro acumulado y las aportaciones previstas permitirán mantener el nivel de vida deseado cuando llegue el momento de dejar de trabajar. Para ello, conviene revisar cuánto se necesita, qué rentabilidad se espera obtener, cuánto pesan las comisiones y cómo encajará ese dinero con la pensión pública y el resto del patrimonio. El apoyo de planificadores financieros como Finanfox puede ayudar a poner todas estas variables en orden y detectar posibles desajustes a tiempo. Porque contratar un plan en diciembre pudo resolver una decisión fiscal de aquel año, pero planificar la jubilación exige mirar mucho más allá de la próxima declaración de la renta.